MANUEL BARRERA MACÍAS: SINDICALISTA CANTILLANERO DEFENSOR DE LOS TRABAJADORES DEL CAMPO, ASESINADO EN BRENES EN 1936
Manuel Barrera Macías nació en Cantillana en 1892, hijo de Manuel Barrera Vela y Juana Macías Palma, estaba casado con Antonia Díaz Lozano. Tenían su domicilio en la calle San Bartolomé, núm. 80 y tuvieron cuatro hijos. Trabajaba en el campo como jornalero.
La proclamación de la Segunda República tuvo una acogida popular formidable, con gran estusiamo por la maopría del pueblo, a pesar que en la elecciones del 12 de abril de 1931 Cantillana dio la mayoría a las candidaturas monárquicas, que obtuvieron ocho concejales, todos ellos miembros de la élite social y económica de la localidad por ser propietarios de tierras; de los candidatos socialistas y republicanos solo fueron elegidos cinco. Estos concejales no tomaron posesión de sus cargos, pues las elecciones se repitieron el 31 de mayo del mismo año, tal como ocurrió en 69 municipios de la provincia de Sevilla, que habían planteado protestas o alegaciones contra las elecciones del 12 de abril. La Comisión Gestora de Cantillana la formaron los socialistas y republicanos, siendo presidida por José Pueyo Solís. Juan Arias Rivas dejaba de ser alcalde 1. Comenzaba un tiempo de cambio, que propició la sustitución de la élite gobernante durante decenios por los alejados del todo poder local hasta ese momento.
Cuando llegó el 1º de Mayo, Manuel Barrera participó activamente en la gran fiesta que se celebró, en la que se unieron la celebración del nuevo sistema político con las reivindicaciones obreras. Fue también el Día del Abrazo Fraternal entre cantillaneros y villaverderos. La noticia, aparecida en página 3 de El Liberal de Sevilla el 6 de mayo de 1931, recoge que “la Agrupación Socialista y el sindicato UGT 2 (la Sociedad de obreros agricultores), tuvieron la iniciativa de organizar una manifestación pública que pusiera de manifiesto la sensatez y cordura de un pueblo culto. A la hora señalada partió la imponente manifestación, compuesta de más de cuatro mil personas, presididas por la bandera de la Agrupación Socialista, recorriendo las calles más céntricas. Al llegar a la Plaza, donde dirigieron la palabra el presidente de la Agrupación, José Pueyo, y el compañero Manuel Barrera”. Posteriormente, la manifestación llegó hasta Los Pajares a unos dos kilometros de Canti-llana. Allí también llegó la manifestación de los socialistas villaverderos. Después de los abrazos de fraternidad, fueron cantadas la Marsellesa e himno de Riego, improvisándose una tribuna desde la que hablaron José Pueyo Solís y Baldomero Parrilla González, Alcaldes de Cantillana y de Villaverde del Río, junto a otros cantillaneros, entre los que participaron estaba Manuel Barrera, y otros villa-verderos. Termina la noticia con estas palabras: “Este acto fue la nota más brillante de la fiesta. Todos los oradores hicieron resaltar el espíritu propio del obrero manumitido.”
En las segundas elecciones municipales del 31 de mayo, salió elegido Manuel Barrera junto con otros socialistas: José Pueyo Solís, que fe elegido alcalde, Manuel Quevedo Cisneros, Jesús Espinosa Fernández, Santiago Marroco Carrero, Manuel Lozano Hernández, Basilio Camacho Vázquez, Manuel Macías Cruz y Manuel Solís Borrego. Por el PRR (Partido Republicano Radical) fueron elegidos: Manuel González Fernández, Simplicio Lafuente Tirado, Manuel Palomo Daza y Benjamín Rodríguez Núñez.
En el Ayuntamiento, una vez constituido el 6 de junio, Manuel Barrera asistió a todas sus reuniones las eran semanales, los sabados a las diez de la noche, hora habitual de las reuniones. La actividad municipal no puede calificarse de revolucionaria, fue un Ayuntamiento democrático, que practicó una política reformista, de carácter moderado, aunque muy apegada a los problemas de los vecinos, a los que intentaba beneficiar por todos los medios legales o con visos de legalidad, y que sin rencor, ni revanchismo, contó con todos, a la hora de gobernar y formar las comisiones municipales, en la que participaron también los patronos. Para asesoramiento y pleitos posible, como el que tuvieron con la Empresa de Aguas de Cantillana, el ayuntamiento contó siempre con la colaboración de Blas Infante como abogado.
En las reuniones semanales del Ayuntamiento, el tema de la crisis obrera, por el paro sufrido por los trabajadores del campo, a pesar de ser tratado con mucha frecuencia con las soluciones que eran posibles en cada momento, provocó una crisis en la vida política municipal, debido, posiblemente, a la radicalización de las posturas ante esta situación por la falta de respuestas rápidas, eficaces, y por los obstáculos encontrados. El 16 de enero de 1932 dimiten, por diversas causas, no expuestas en el acta de ese día, Manuel Barrera, Basilio Camacho, Manuel Solís, Manuel Macías y Jesús Espinosa. Las dimi-siones fueron aceptadas en el Pleno del día 23 del mismo mes y, en virtud de la consulta efectuada al Gobernador Civil de la provincia, se realizaron elecciones parciales en día 28 de febrero del mismo año. Fueron elegidos concejales: Manuel Lozano Quevedo, José Ramos Rodríguez, Antonio Castaño Castaño, Antonio Tirado Santana y Manuel Corro Sánchez. Todos ellos eran afiliados al PSOE.
Algunos de los dimisionarios, excepto dos, desvinculados del PSOE, participaron activamente en la reorganización de la CNT en Cantillana, convirtiéndose Manuel Barrera Macías en su líder, admirado y querido por el pueblo, amigo de Pedro Vallina, médico, 3 y de Antonio Rosado 4, y como ellos, vivió y practicó un anarcosindicalismo de tipo humanista, alejado de toda violencia innecesaria. La CNT tuvo una fuerte implantación en Cataluña, Levante y Andalucía, y muy especialmente en Sevilla. Su carácter revolucionario, encaminado a la implantación del comunismo libertar io, basado en el colectivismo y en la libre asociación en un mundo de iguales, sin explotadores ni opresores, le llevó a oponerse a los partidos políticos y a la misma República, a la que veía incapaz de llevar a buen término ninguna revolución social. No participó en las candidaturas del Frente Popular, pero sí recomendó a sus afiliados, más de un millón en toda España, el apoyo a las mismas, y durante la Guerra Civil participó en el Gobierno de la República.
La CNT se reorganizó en Cantillana y tuvo su sede en la Plazoleta del Reloj, casi enfrente del Ayun-tamiento viejo. Atrajo a muchos que antes frecuentaban el Centro Obrero socialista, recuperándose la tradición anarcosindicalista del municipio, cortada por la Dictadura de Primo de Rivera. Antes de ese periodo había en Cantillana unos 400 afiliados de la CNT, que participaron, como ya he señalado, en el Congreso de la Comedia, algo menos de los que llegó a tener en 1936, cifrados en 413. El principal dirigente sindical anarquista fue, como ya he expuesto anteriormente, Manuel Barrera Macías, después de dimitir como concejal, junto con otros. Era un gran orador, según todos los que lo recuerdan. Mantuvo una estrecha amistad con Pedro Vallina Martínez y con Antonio Rosado, reuniéndose frecuentemente con ellos en el Sanatorio Vida, según testimonio de familiares de Rosado, que por aquellas fechas vivían en Cantillana. Otros cenetistas destacados fueron: Francisco Palomar (Paco el Tate), Jesús Espinosa Fernán-dez (Aceituno), Lorenzo Lozano Espinosa (el Pelón), José Plata Pérez (Comino), que en 1936 era el secretario de la organización, y Joaquín Naranjo, que lideraba las Juventudes Libertarias. y era panadero. La sede de las JJ.LL.(Juventudes Libertarias) debieron estar en el mismo local de la CNT.
Cuando se produjo el intento fallido de golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y Queipo de Llano se hizo con el control de la capital sevillana, el pueblo de Cantillana, al igual que ocurrió en los demás pueblos, siguió mayoritariamente al Comité Antifascista de Defensa de la República que se constituyó el mismo 18 de julio, cuando llegó la noticia que lo cambiaba todo a partir de aquel momento. Los
miembros del Comité fueron: José Pueyo, Manuel Barrera, Jesús Espinosa, Manuel Corro, Lorenzo Lozano, José Marroco, José Plata, Santiago Marroco y Benito Camacho. Hombres comprometidos con el pueblo,que procedían de todas las organizaciones obreras presentes en Cantillana: fue un Comité unitario, que aglutinaba los sentimientos e ideas de todos los demócratas.
Además de la constitución de patrullas para vigilancia y requisar las armas que puedieran estar en poden de vecinos, especialmente los más ricos, la Ermita de San Bartolomé se convirtió en el economato municipal, pues –ante el temor del momento– las tiendas habían cerrado, por lo que decidieron garantizar el abastecimiento de la población. Anstes, el 20 de julio, un grupo numeroso de vecinos sacaron las imágenes de la ermita, consiguiendo Manuel Barrera, dado su prestigio popular, y otros vecinos, entre ellos Antonio Ferrera y Paco Merino, que las de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sra. del Consuelo fuesen respetadas y llevadas a las casas de los mayordomos de sus respectivas Hermandades. Otras imágenes, las llevaron a la Alameda, y allí desaparecieron, bien destrozadas o quemadas.
Años más tarde, en 1940, las autoridades municipales franquistas describen el hecho, dándole fecha de 20 de julio de 1940, de la siguiente forma, que copio literalmente sin enmendar las faltas de ortografía: “Por las ordas marxistas fue destruida todas las Imágenes; retablos, objetos de culto, hornamentos y demás enseres de la Ermita de San Bartolomé, que fueron incendiado en el campo a la Espalda de dicha Ermita, sin que sufriese desperfecto el edificio, el cual fué convertido en Economato de las fuerzas revolucionarias para surtir de biberes a la localidad”. Así consta en la llamada Causa General, mandada a hacer por Franco. No se enumeran personas sospechosas, pues se dice expres-amente, en el documento citado, que “se ignora”, y no se menciona nada sobre imágenes que fuesen respetadas.
Cantillana el 30 de julio de 1936 fue violentamente ocupada por la columna militar de José Gutiérrez Pérez. En la entrada al pueblo por la Carretera de Lora (la calle Esperanza entonces, actual Avda. Andalucía), los soldados matan a dos vecinos, uno de 12 años y otro de 20 y dos fueron heridos, de los cuales uno de ellos muere en la ambulacia que los llevaba a Sevilla. En calles interiores matan a tros dos, uno de ellos el médico Diego Sarmiento. Mientras ésto ocurría unos 200 detenidos llegaban al cuartel de la Guardia Civil, ubicado junto a la Erimita de la Muisericordia, donde elegieron a 10 hombres, siendo asesinados (ejecutados extrajudicialmente) en el Barranco nueve de ellos, pues uno logró escapar, aunque posteriormente sería asesinado en La Rinconada. Todos los demás detenidos fueron encerrados en locales convertidos en cárceles, uno de ellos la sede de la CNT junto a la Torre del Reloj y otro en la Administración de Consumo. El pánico se apoderó de todos los vecinos. Muchos de ellos ya habían huido y otros lo hicieron entonces, uno de los huidos fue Manuel Barrera. Se escondió cerca de Cantillana, en Fuente Luenga. Unos aseguran que le acompañaba uno de sus hijos, y otros, su hermano Joaquín. No obstante, quedarse escondido, sin huir a lugares más lejanos, era una temeridad. Todos los días grupos armados de Falange, acompañados de cazadores y su perros, recorrían Viar en busca de fugitivos. Y en más de una ocasión lo hicieron junto a falangistas de otros pueblos de la sierra para que la batida tuviese mayor amplitud y profundidad. Oír tiros a lo largo de la ribera del Viar era corriente en aquellos días, según testigos presenciales. Por esas y otras razones, muchos vecinos de Cantillana, más de noventa, se marcharon a los pueblos de la Sierra Norte u otras localidades andaluzas para comenzar desde ellos una aventura que les llevó a la zona republicana y a la incorporación, en su mayoría, al ejército de España (el de la II República). Manuel, no lo hizo, volvió a Cantillana, después de algunos días, creyendo que no le iba a ocurrir nada, tal como le prometieron a su hermano, pero no fue así: fue encarcelado y, posteriormente, asesinado sin ninguna piedad, aunque todos reconocían su valía y admiraban su perso-nalidad, su forma de ser. Este engaño fue muy doloroso para toda la familia, especialmente para su hermano, pues nunca comprendió la villanía y la traición de los que le prometieron que respetarían su vida.
Fue el día 27 de agosto de madrugada, como era habitual, cuando le llegó el turno a Manuel Barrera Macías: lo sacan de la cárcel habilitada del pueblo, lo trasladan a Brenes y en el cementerio viejo de dicha localidad lo asesinan, dejando su cuerpo expuesto para que lo vieran, sin permitir que nadie lo enterrara, ni si-quiera a un miembro de su familia, que así lo solicitó. Fue enterrado en en una fosa común junto a otros 7 hombres: 5 vecinos de Brenes (uno de ellos nacido en Cantillana), otro vecino de Cantillana, y 1 de La Rinconada. Actualmente no existe ya ninguna fosa visible, pues todo el solar del cementerio viejo está ocupado por casas y calles que conforman una barrida de Brenes, porlo que es imposible la exhumación de de los restos mortales de los allí enterrados.
En su acta de defunción, registrada el 9 de septiembre de 1939, a instancias de su viuda, aunque respetando, como en todos los casos, la fecha de su muerte, de su vil asesinato, constando como causa aquello de “en la lucha nacional contra el marxismo”, tal como aparece en otras actas de defuinción. Su mujer, Antonia Díaz, como tantas otras mujeres, tuvo que trabajar para sacar adelante a sus hijos.
Manuel Barrera será siempre recordado en Cantillana como un buen hombre íntegro y cabal, siendo muy querido por el pueblo, por los trabajadores, pues a la defensa de sus intereses consagró su vida, de forma pacífica, con la dialéctica de la palabra: era un excelente orador y su lema: la unidad de la clase obrera: “El día que los obreros estemos unidos, nadie podrá con nosotros”, me dicen que repetía una y otra vez. No solo era querido y admirado en Cantillana, sino en Villaverde, Carmona y otros pueblos, donde lo llamaban para los mítines: sabían de su capacidad de convencimiento, de su claridad de ideas en la lucha a favor de la clase obrera y de lo que había que decir en cada momento.
Cuando se subía al escenario, “hablaba a la gente sin papeles y el escenario se venía abajo”, como muestra del entusiasmo que causaba en los que lo oían. Su valentía y su inteligencia estaban más que probadas: en sus acciones y en sus palabras. En cambio a sus asesinos no le importó nada: era un dirigente sindical, un anarquista. No hubo misericordia ni justicia alguna. Tampoco la hubo para otras 66 víctimas de la barbarie militar-fascista, que fueron asesinadas por aplicación del bando de guerra, sin juicio previo. Además de estos 67 asesinados (62 hombres y 5 mujeres), la represión en Cantillana acabó con la vida de 84 personas, pues a los anteriores hay que sumar 3 desaparecidos o en paradero desconocido, 6 muertos en prisión o al salir de ella, 7 soldados republicanos y uno, por otras circunstancias. Todos ellos merecen nuestro reconocimiento y el recuerdo permanente, pues lucharon y murieron por la libertad y la democracia.
10 de enero de 2026
1. Era alcalde desde 1930 y fue el primer candidato monárquico del 12 de abril. Recuperó la alcaldía el 30 de julio de 1936, tras la ocupación militar de Cantillana.
2. La organización obrera más antigua, que existía desde antes de la proclamación de la II República, es el Centro Obrero de la UGT. Su sede estaba en la calle o barrio de la Esperanza, actual Avenida Andalucía, 6 (Carretera de Lora), su líder fue José Pueyo Solís.
3. Pedro Vallina Martínez nació en Guadalcanal (Sevilla) el año 1879 y murió en Veracruz (México) en 1970, después de dedicar los últimos veinte años de su vida a curar las enfermedades de los indios mexicanos. Su madre era cantillanera y en Cantilana, en 1923 creó el Sanatorio Vida para atender a los enfermos de tuberculosis de la provincia.
4. Antonio Rosado López (1889-1978) fue un destacado militante anarcosindicalista, Secretario de la Federación del Campo de la CNT. Sufrió cárcel en numerosas ocasiones. Fue responsable de la organización de las colectivizaciones andaluzas durante la Guerra Civil. Amigo íntimo de Vallina y su familia. Desde 1923 vivía en el Sanatorio con su mujer e hijos, reponiéndose de su enfermedad (flebitis), aunque tenía que desplazarse constantemente por razones del cargo en el sindicato. Vivió allí hasta 1936, cuando después de la ocupación militar de Cantillana tuvo que huir con Pedro Vallina. Su última estancia en Cantillana se produjo entre abril y mayo de 1939, en la cárcel vieja, después de terminada la Guerra Civil.

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