miércoles, 5 de marzo de 2025

PRIMERA PARTE: LA NUEVA GENERACIÓN ANTIFRANQUISTA (2F): CANTILLANA

 

Cantillana

El núcleo comunista y antifranquista de Cantillana, formado por Bernardo Muñoz Gon­zález, José Romero Quintana, el Bombo, Francisco Palomo Blanco, Paco Gumersinda, Manuel Duran Gil, Remolino, Antonio Rivero Romero, Rosquete, y Manuel Martínez García, Calentito, continuará en los años sesenta, sin que acusara en sus primeros años un fuerte crecimiento como ocurrió en otras localidades. A ellos se unieron, en los años cen­trales de la década; Ramón Rodríguez Sánchez, el de los Anillos, sobrino de Ramón Rodríguez Caro, asesinado en 1941 en el campo de exterminio nazi de Gusen (Austria); Antonio García Mahindo, Cristino, que en 1964 se afilia al PCE en Alemania, y que estará yendo y viniendo hasta bien entrados los años setenta, dedicándose entonces al movimiento vecinal de Cantillana; Antonio Martín Torres, Musolini, nacido en Villanueva del Ariscal en 1936, y fallecido en 2013; Vicente Rejo Morejón, que nació en 1939 y falleció en 2000; Manuel Sánchez Amores, Canastero, nacido en 1920 y fallecido en 1990, y José Navarro del Cuerpo (Cúllar Vega, 1933), que se establece en Cantillana después de vivir en Corea, cerca de la Estación, desde 1949 y que en 1970 emigrará a Suiza. José Navarro será enlace entre los mayores y los jóvenes comunistas cantillaneros durante un tiempo antes de emigrar. Otros militantes de los años sesenta fueron: Fran-cisco Muñoz González, Antonio Bejarano, Joaquín de la Hera Barrera y Antonio Romero Rivero, primo de Rosquete. Como simpatizantes y colaboradores, que formaban parte de la Sección Social del “Sindicato” desde las elecciones sindicales de 1966, estaban José Blanco Benítez y Custodio Rodríguez Sánchez, junto a Francisco Palomo Blanco, Manuel Durán Gil y José Marroco Carrero, viejo militante comunista, alejado ya de la actividad política clandestina. Otros simpatizantes de esta época fueron Manolo Palomar Oviedo y Antonio Morejón Ortiz, que falleció en 1982, a los 82 años de edad. A partir de 1970 se unen a la lucha antifranquista Antonio Rodríguez Piñero, Juan Salinas y Rufino Vasco, activos miembros del PCE.

La incorporación de jóvenes, la nueva generación, empezará en 1965 con la integración en las JJCC de Antonio Barragán Rodríguez, que se marchó a San Juan Despí (Barcelona) en 1970; Antonio Pérez Burgos, Rana, también emigró a Barcelona, donde falleció a los dos años de llegar; Rafael Burgos Lozano, Coca, que murió en 2005, a los 56 años de edad, y Antonio Sánchez Amores, Canastero (hijo), fallecido en 1988 en Cantillana. Antonio Barragán fue animado a participar en la lucha antifranquista y en el PCE por Manuel Sánchez, el Canastero (padre), organizando con los otros una célula de las JJCC.

En 1968, José Barragán Reina, con 23 años de edad, ingresa en el PCE, animado por Juan José Navarro Escudero, Santiago, que por aquellos años iba con frecuencia a Canti-llana, sirviendo de enlace con el Comité Provincial, al que pertenecía. José se reunía desde 1966 con jóvenes cantillaneros, trabajadores del campo, algunos de los cuales se integrarán en las JJCC y otros muchos durante tres años asistirán a una escuela nocturna en los locales del Convento, que funcionó hasta 1969. Con anterioridad, había hecho un largo recorrido, estando aún en el Seminario Diocesano, pues su inquietud social y política se remonta al verano de 1963, así como sus contactos con jóvenes universitarios antifranquistas y comunistas y su conocimiento de la realidad obrera en el campo.

En la escuela nocturna colaboró su hermano Ramón (el que suscribe este trabajo), por ser maestro, que, además participó en reuniones con miembros del PCE y las JJCC, sin estar afiliado, organizó el Movimiento Junior de 1965 a 1969 y la JARC, por poco tiempo. Otro colaborador de la escuela fue Francisco Pérez Naran-jo, que se afilió al PCE poste-riormente.

José, desde octubre de 1969, al sentir cercana su detención con motivo de las moviliza-ciones obreras de ese año en Cantillana, residirá en Málaga hasta 1974, donde continuó estudiando Ciencias Económicas, tuvo que hacer el servicio militar en El Ferrol entre 1971 y 1972, puesto que le negaron la renovación de la prorroga por estudios, y en la Uni-versidad de Málaga potenció la organización de los estudiantes contra la dictadura.

Entre los jóvenes que se integraron a partir de 1968 en las JJCC cabe destacar a Bernar­do Tirado Pérez, que ya pertenecía a dicha organización con anterioridad; Manuel Durán Rodríguez, Zapato, que fue captado por Bernardo Muñoz; Francisco Núñez Ruiz (Cu-rrillo);1 Manuel Salguero Núñez, Carpo; Juan Carmona Maldonado, el Gitano. También lo hicieron Antonio Campos, José García Alonso (El Viso, 1950), que vivía en la Huerta Alta desde mediados de los 60 con su familia, procedente de Mairena del Alcor, donde ha fallecido en 2023, y un largo etcétera.

Francisco Moreno Palomo, Paquirri, entró en 1969 en las JJCC de Sevilla, donde estaba estudiando Bachillerato. Participó activamente tanto en las Juventudes como en CC.OO. de Cantillana. Después de las movilizaciones obreras de 1969, centró su actividad en Se-villa, cuando entró a trabajar en CASA.

En el verano de 1968, un grupo de jóvenes crean el Club Naeva, que tuvo su sede en el Salón Zamora de la calle Las Veredas. Para legalizarlo tuvieron que acercarse a la Parro-quia, logrando la participación del cura-párroco de Cantillana. A pesar de ello, los guar-dias civiles, en más de una ocasión, quisieron cerrarles el local y tenían que mandar las notificaciones de reuniones por si querían ir. Su primer presidente fue Joaquín Tirado Pueyo, su padre había sido presidente de la JJ.SS. y en 1940 fue condenado a 12 años de prisión, pero pronto obtuvo libertad condicional o vigilada; el secretario, Antonio Vizoso Regalo, y el tesorero, Bernardo Tirado Pérez. La principal finalidad era el baile, aunque también desarrollaron otras actividades culturales y deportivas. Gran parte de la juventud obrera del pueblo perteneció al nuevo club, así como los jóvenes que formaron las JJCC Allí tenían un lugar donde verse y reunirse. Cuando los promotores tuvieron que hacer la mili en 1972, el club decayó hasta prácticamente desaparecer.

La organización comunista cantillanera, algo mermada por la ausencia de algunos mili­tantes (en la emigración, estudiando o trabajando fuera), recibió, además, un duro golpe en 1970, del que se repuso a duras penas varios años después. El 11 de agosto, José Ro­mero Quintana, Ramón Rodríguez Sánchez, Bernardo Muñoz González y Francisco Palomo Blanco, fueron detenidos. El primero en caer fue José Romero, casado con Teresa Sánchez Salguero y con cuatro hijos (José Manuel, Victoriano, José y Antonio). Tal como hacía con bastante frecuencia, salió de su casa la madrugada del día 11 para repartir la propaganda del PCE por los tajos y lugares donde se reunían trabajadores, seguido de su hijo Victoriano de 11 años de edad, en sendos burros. Esta vez no tuvo suerte. La Guardia Civil, a las cinco de la mañana, descubrió los papeles tirados junto al Puente del Viar; siguieron el rastro y lo alcanzaron cerca del Arroyo Hondo, “llevaba ocultos entre la carga de las acémilas varios rollos de Mundo Obrero y de La Voz del Campo Andaluz”, se dice en la sentencia, de acuerdo con el informe de la Guardia Civil. Allí mismo y delante de su hijo le dieron la primera paliza. Al niño le ordenaron que volviera a su casa con los animales. Volvió, pero pudo informar a su madre y hermanos, que empezaron a des-hacerse del material clandestino que estaba escondido en su casa. Sin embargo, en el re gistro realizado los guardias encontraron más material de propaganda del partido.2 Llevado a la Casa Cuartel de Cantillana, recibió otras palizas, que con toda seguridad fue-ron ya determinantes para su salud. Trasladado a Lora del Río, continuaron las torturas “hasta mas no poder”, según el relato de Paco Gumersinda. El mismo día 11, fueron detenidos los otros tres, que serían también trasladados a Lora del Río, donde los so-metieron a los “habituales” interrogatorios y les presentaron a José Romero.“Verlo, estre-mecía; parecía un Cristo”. Fue entonces cuando admitieron la pertenencia al PCE y a CC.OO. Les abrieron la causa 886/1970, en el que añadieron, por considerarlo “enlace e instructor del PCE de la célula cantillanera”, a Eduardo Saborido Galán, natural y vecino de Sevilla, de 32 años de edad, casado, declarado en rebeldía desde el 17 de mayo de 1971 por ignorarse su paradero.

El 17 de agosto quedaron el libertad provisional a la espera del juicio. Paco Gumersinda fue cesado como concejal del Ayuntamiento, cargo al que había accedido el 5 de febrero de 1967, cuando fue elegido por el tercio sindical. José Romero ya no pudo reponerse de las palizas recibida. Le habían destrozado el hígado, lo cual será la causa de su muerte en 1973. En el juicio ante el TOP, en Madrid, y en su sentencia no se dice nada de la situa-ción personal de José Romero, ni nada de todos los malos tratos recibidos y de las con-secuencias para su salud.

En el juicio, el 21 de febrero de 1972, según consta en la sentencia 47/1972 del TOP, les acusaron de sendos delitos de propaganda ilegal y asociación ilícita (formar una célula del PCE, “ente que aspira a la trastocación por la fuerza de la vigente estructura estatal hispana”), sin embargo sólo José Romero Quintana fue condenado por propaganda ilegal a la pena de 1 año de prisión menor y 10.000 ptas. de multa o 30 días de arresto en caso de impago, siendo los demás absueltos de este “delito”. Todos, incluido José Romero, fue-ron condenados a 9 meses y 1 día de prisión mayor por el delito de asociación ilícita. El total de condena para José Romero fue de 1 año, 9 meses y 1 día, y 10.000 ptas. de multa. Eduardo Saborido fue condenado a 6 meses y 1 día de arresto mayor por el mismo delito. Posteriormente, el 20 de abril de 1972, fueron indultados por el TOP “de la mitad, con un mínimo de seis meses, de la pena privativa de libertad de nueve meses que les fue im-puesta”. Solo tuvieron que estar en la cárcel unos tres meses, que, por expresa petición del Alcalde de Cantillana, Jesús Pérez Pueyo, cumplieron en la cárcel del pueblo, del 21 de noviembre de 1972 al 11 de febrero de 1973. José Romero Quintana no la pudo cumplir en su totalidad: fue ingresado en la Residencia sanitaria “García Morato” (Virgen del Rocio) de Sevilla. Con el hígado destrozado, y después de dos años de padecimientos, intentaron operarlo, pero lo tuvieron que sacar de la sala de operaciones. Falleció en una cama del citado hospital el 8 de enero de 1973, a los 52 años de edad, y fue enterrado en el cementerio de Sevilla. A su entierro asistieron algunos camaradas de la comarca donde vivió y luchó por la libertad. Si en 1970, su hijo mayor José Manuel había emigrado a Barcelona, obligado por la guardia civil, y en 1971 se había ido también su segundo hijo, Victoriano, en septiembre de 1973, ocho meses después de su muerte, se marchó el resto de la familia: su mujer, suegra e hijos menores. No podían soportar sentir más el des-pre-cio y oír amenazas.

En este juicio y en su sentencia no tuvieron en cuenta que Eduardo Saborido no tenía nada que ver con Cantillana, como quedó demostrado en la sentencia 418/1973, de 31 de octubre, dictada por el TOP, que rectifica la sentencia de 1972 y lo declara absuelto de aquel delito (ABC Sevilla, 23/11/1973, p. 54). La abogada defensora fue Cristina Almeida y actuaron de testigo los cantillaneros condenados en 1972, excepto José Romero, ya fa-llecido. Se daba la circunstancia añadida que ya estaba en marcha la causa 1001/72 contra los dirigentes de CC.OO., uno de los cuales era el propio Eduardo Saborido.

El final del desgraciado suceso de las detenciones y sus consecuencias, la vuelta de al­gunos que estaban en Alemania (Manuel Martínez, Calentito, y Antonio García, Cristino) y la reincorporación de José Barragán, crean de nuevo mejores condiciones para el desa­rrollo organizativo en los años finales de la dictadura del PCE, las CC.OO. y el movimiento vecinal que comienza a organizase.

En 1974. año en el que comienza la nueva etapa, se incorporan al PCE: Francisco Pérez Naranjo, que será el primer presidente de la Asociación de Vecinos, y Francisco Jiménez Navarro, el Retra, que había vivido en Corea hasta los 9 años, cuando sus padres se tras­ladaron al pueblo. Francisco recuerda de modo muy especial la entrega de carnés que tuvo lugar en Arroyo Hondo. Otros, que hacía tiempo que estaban participando en CC.OO., se integrarán en el partido algo más tarde. José Domínguez Colorado, Pestiño, comenzó en Barcelona a participar en CC.OO. y continuó a su vuelta a Cantillana en 1969, partici-pando en la lucha obrera en el campo y animando a otros a participar y exigir sus dere­chos laborales, pero no se integró en el PCE hasta 1975, el mismo año que lo hizo Anto­nio González Lozano, Roca. Miguel Corro González (El Cherif) estuvo en Alemania en-tre 1971 y 1977 y a su vuelta se afilió al PCE, cuando ya era legal, formando parte de la dirección local y comarcal de CC.OO.. José Ballesta Lora, a su vuelta de Alemania en 1975, donde se unió a las acciones antifranquistas, participó en las CC.OO. del Campo antes de afiliarse al PCE.

 1. Sus tíos Francisco y Antonio Ruiz Romero huyeron de Cantillana el 30 de julio de 1936, pero no volvieron más. Son dos víctimas más del franquismo.

2. En concreto, según aparece en la sentencia: 43 ejemplares de MO, 24 de La Voz del Campo Andaluz, 9 folletos de “Cuadernos de formación política”, 2 ejemplares de Horizonte y 52 hojas informativas. 

 

AUTOR: 
Ramón Barragán Reina
LIBRO: 
ANTIFRANQUISMO Y LUCHA OBRERA EN LA VEGA MEDIA DEL GUADALQUIVIR 1960-1975 (2024), páginas 22 a 25

(Continuará)

 

domingo, 2 de marzo de 2025

PRIMERA PARTE: LA NUEVA GENERACIÓN ANTIFRANQUISTA (2e): Villaverde del Río

 Villaverde del Río

En Villaverde la actividad antifranquista la desarrollarán en los años duros del inicio de la década Bartolomé Reyes Rodríguez (Bartolo) y Antonio Hernández Trigo, junto a los militantes no detenidos en 1960. No hubo desarticulación, aunque sí cierta ralentización, como consecuencia de la represión sufrida.

Bartolomé Reyes tuvo una dedicación total al partido. Asumió tareas organizativas y de propaganda que abarcaban a bastantes pueblos de la provincia. En 1961, recibió el encar­go por parte de Miguel Caballero Vacas (Juan Cabrera) de llevar Mundo Obrero y demás propaganda del PCE por los pueblos de la provincia, así como organizar el partido donde no había nada. A ello se dedicó con su bicicleta, la Galga, tal como la llamaba Juan Me­nor. La preparó para llevar la propaganda del partido y las latas de petróleo, que le servían de camuflaje. Oficialmente, para no despertar sospechas, era un vendedor de petróleo; clandestinamente, un propagandista comunista, liberado por el partido, cobrando 1.500 ptas. al mes, que eran insuficientes para mantener a su familia, por lo que vender petróleo no era solo camuflaje, sino pura supervivencia. Formó, en 1963, con Antonio García Ro­mero, Barbate, el Comité Comarcal de la Vega Media. Antonio era el responsable político y él asumió las responsabilidades de organización y propaganda. La lista de pueblos que visitó una y otra vez es interminable: Pruna, Cantillana, Brenes, La Rinconada, Alcalá del Río, Puebla de Cazalla, Badalatosa, Morón, Puebla del Río, Coria del Río, Isla Mayor, Mairena del Álcor, En 1965 emigra a Alemania, y en 1966 a Argentina, residiendo cerca de Buenos Aires hasta su vuelta en 1974. Continuará participando activamente en el PCE. Asegura Bartolo que entre 1962 y 1966, año en el que decide irse a Argentina, había en Villaverde del Río 39 militantes comunistas. Algunos de ellos ya lo eran desde hacía más tiempo: Florencio Borjas Asencio, Antonio Prada, José Miguel Ruiz, Pepín de Lola, Juan Gutiérrez García, Manuel Nicolás, Miguel Poyato, Fermín Galán, Fernando Franco y Francisco García Sánchez, el Yesero. Otros se incorporaron entonces, como fueron los ca­sos de José García y Manuel García, el Malagueño, y otros se retiraron por desavenencias internas, que fueron los casos de Francisco García Sánchez, de Jaén, y Manuel Trassierra Lupiañez, el Granaino.

Antonio Hernández Trigo continuó la senda abierta en 1957, junto a José Vera Morata y otros, en el Sindicato Vertical (La Hermandad Sindical Local de Labradores y Gana-deros). Fueron enlaces sindicales en 1963 y en 1966.

En abril de 1963 volvieron de la Prisión de Cáceres Antonio Álvarez Cabeza y Juan Ba­silio Camacho Castillo, detenidos y juzgados en 1960.

Juan Basilio Camacho dejó de estar en la vanguardia de la militancia política, dedicán­dose preferentemente a su familia y a su trabajo. Falleció el 6 de enero de 1996.

Antonio Álvarez continuó trabajado organizadamente contra la dictadura y por la demo­cracia, aunque poco a poco su hijo Francisco cogerá la antorcha de la lucha en Villaverde. Pudo disfrutar de la libertad conquistada y completar la travesía de 1936 a 1976, de la guerra y las cárceles a la libertad y la democracia. Falleció el 2 de febrero de 1977, cuan­do la libertad era ya una realidad en España, aunque no hubiese aún legislación plena­mente democrática.

Entre 1963 y 1970 la organización comunista villaverdera experimentó un notable cre­cimiento con los jóvenes (la nueva generación) que se incorporaron al PCE o a las JJCC. En dicha actividad jugará un importante papel Manuel Hernández García, Triguito, hijo de Hernández Trigo. Desde los 12 años, en 1963, había comenzado a participar en las reu­niones, a repartir Mundo Obrero, que recogía en Brenes, en casa de la familia de los Algaba Alfonseca), y a captar a otros para la lucha. También en 1963 se integraron en el PCE Francisco Molina Padilla (Paco Padilla), nacido en Fines (Almería) en 1947, y Daniel Rodríguez Martínez, barbero, nacido en Majarabique (La Rinconada) en 1948. Ha-cia 1967, por la influencia directa de Manuel Hernández García, ingresó en las JJCC Francisco Álvarez Asencio, hijo de Antonio Álvarez, y en 1968 lo hacen: Joaquín Linares Salas, Rafael Fernández Brito, Juan Mateo Navarro, Antonio Aguilar Fernández y Antonio Hernández, Ratón. En 1971 se incorporó Mariano Sánchez Membrive a las JJCC, quien me informa que en total llegaron a ser unos 50 los miembros de las Juventudes y unos 35 o 40 los militantes del PCE.

En 1971 fueron capaces de montar una caseta en la Feria. En septiembre hicieron asam­bleas de jóvenes, de las que saldrá el proyecto de la Caseta de Feria, que llamarán Nueva Juventud. No tuvieron problemas, pues los organizadores, aunque miembros de la JJCC, no estaban fichados aún por la Guardia Civil. El objetivo, además de los propios de una Feria, era, como ya ocurría en otros pueblos, tener un espacio propio, con lo que ello significaba de propaganda y presencia pública, sin olvidar ayudar al partido y ejercer la solidaridad con los presos políticos. A partir de entonces, la caseta estuvo presente en las fiestas villaverderas.

 

AUTOR: 
Ramón Barragán Reina
 
LIBRO: 
ANTIFRANQUISMO Y LUCHA OBRERA EN LA VEGA MEDIA DEL GUADALQUIVIR 1960-1975 (2024), páginas 20 a 22.

(Continuará)

 

viernes, 21 de febrero de 2025

PRIMERA PARTE: LA NUEVA GENERACIÓN ANTIFRANQUISTA (2d): La Rinconbada y Brenes

La Rinconada

Al comenzar la década de los sesenta, la organización del PCE llegará a la localidad de de La Rinconada por el compromiso de Juan Haro Reyes (Los Corrales, 1941). Vivía en la Vereda de los Solares, donde entró a formar parte del PCE en los años cincuenta. José García Mallén lo animó a organizar el partido en el pueblo. Desde 1964, cuando se casó con Dolores Alba, vecina de La Rinconada, residió en La Rinconada. Su actividad hizo que pronto pudiese contar con un grupo de rinconeros y formar las primeras células del partido.

   El primero en participar organizadamente en las actividades antifranquistas fue Antonio Castillo Guijo, que, influenciado también por Florindo García, ingresó en las Juventudes Comunistas. Más tarde, hacia 1966, Manuel Ávila Sánchez se incorpora a las filas de las JJCC, y otros muchos jóvenes: Andrés Serrano Agudo, José Calero Robles (Jeseíllo Bal-domero), Juan y Rafael Gutiérez Plaza, Manuel Serrano Pozo, José A. Ariza Aranda, José Guijo, Fernando Serrano Hurtado, etc. Las JJCC llegaron a contar con más cuarenta jóve-nes afiliados. Algunos de ellos (Manuel Ávila y Fernando Serrano) militarán pos-teriormente, en los años setenta, en el PSOE. Según Manuel Ávila, algunas reuniones clandestinas las hacían en el Canal de los Presos, a la altura de El Toril, y en el paseo, que se hacía entre las dos plazas de La Rinconada, servía a los jóvenes para intercambiar información unos con otros. Participaban en los 1º de Mayo en Sevilla y en las huelgas o acciones reivindicativas que se hacían en el campo. La participación masiva en la manifestación ante el Cuartel de la G. Civil en septiembre de 1968, repercutió negativa-mente en el proceso de organización del PCE en La Rinconada. Fueron muchos los que tuvieron que ir a declarar al cuartel en días posteriores y el miedo a ser detenidos les fue alejando de las Juventudes. Sólo quedó un pequeño núcleo comunista.

En 1972, trabajando en FASA, ingresa en el PCE Manuel Fernández Caballero, que, además de participar con CC.OO. en la lucha sindical en su empresa, reforzará la organi­zación comunista en el pueblo, junto a los hermanos Luque Ortega (Juan Pedro y Eduar­do) y Francisco Cantero Castilla.

En 1973 se incorpora a la actividad antifranquista del PCE Mercedes del Río López, la Gallega, la cual antes de establecerse en La Rinconada había vivido en París (Francia) y en Alcalá del Río. Su abuelo había sido fusilado en 1938 en Orense. En 1975 lo hará Ra-fael García Perza (conocido por Rafael Pineda) a petición del partido, al que per-tenecía desde 1966, cuando comenzó trabajar ISA. Otros militantes, de los mismos años, fueron Antonio Claramunt Núñez, que se dedicó al desarrollo organizativo de las CC.OO. del Campo en La Rinconada, y Pedro Simón Ridao.

Brenes

Las detenciones y condenas a destacados militantes comunistas de Brenes en 1960 dejó la organización de la lucha antifranquista en horas bajas. Ese mismo año se tuvo que ha­cer cargo de la organización Antonio Moreno Mellado, Martillo, que era uno de los más jóvenes (nació en 1939), pero se marchó pronto a Francia. Le sustituyó Antonio Piedra Magro, el Barquero, que había estado solo una semana en la cárcel. Con ellos continuarán José Gaona Sánchez, los hermanos Emilio, Ramón y José Algaba Alfonseca. Al comienzo de la década, se les unirá Francisco Canelo Ruiz, que había nacido en 1933 y era traba-jador del campo desde los siete años de edad.

En 1963 Antonio Piedra decidió emigrar a Alemania. Se estableció en localidad cercana a Munich y después en Oberkirch. Volvió a Brenes en 1968, aunque antes, en París, influyó para que Rosalino Daza Jiménez (Brenes, 1946), que estaba en la capital francesa des-de 1965, decidiera su ingreso en el partido. Antonio ha vivido siempre en Brenes, sin dejar la actividad política, hasta su muerte en 2022. También, José Gaona, en 1961, se trasladará a trabajar al Cortijo Villalba, en la Estación de Cantillana, estando allí con su familia hasta 1973. José Gaona, que continuará militando a su vuelta a Brenes, falleció en octubre de 2005. En 1962, José Algaba Alfonseca marchará a Düsseldorf, donde estará 30 años. Allí participó en las acciones antifraquistas. A su vuelta, en 1992, continuará vinculado al PCE.

Fue un periodo poco activo, con pocos militantes. El cambio de signo llegó en 1963 al volver los que estaban en la Prisión P. de Cáceres: Manuel Algaba Alfonseca, Francisco Noa Márquez y Antonio Martínez Marcos. Francisco Noa se retiró de la actividad política, falleciendo el 14 de septiembre de 1973. Antonio Márquez continuó en el PCE, en segunda fila, hasta su muerte el 16 de noviembre de 1997. Manuel Algaba mantendrá la actividad política, con la sabiduría y la autoridad que le caracterizaba, reconocidas por todos, colaborando muy activamente en la reconstrucción de la organización comunista brenera, que adquirirá una gran importancia en los años sesenta y setenta. Querido y ad-mirado por sus compañeros, casi toda su familia ha seguido sus pasos. Falleció el 25 de febrero de 2002. El Ayuntamiento, en reconocimiento a los valores y la entrega generosa de los tres y por su aportación a la lucha por la libertad, la democracia y la justicia social, les ha dedicado sendas calles en Brenes. Además, tanto Antonio Márquez como Manuel Algaba fueron otros de los que completaron la travesía desde la Guerra Civil y las cár-celes franquistas a la libertad conquistada tras la muerte de Franco.

En 1963, tras una corta estancia en Francia, se integra Juan Rodríguez Rodríguez (Fuente Palmera-Córdoba, 1935) en el PCE de Brenes, aunque antes de irse ya había teni­do contactos con Antonio Piedra y había colaborado con el partido en la recogida de dine­ro para ayuda a los presos. Poco a poco lo harán también: Alejandro Jareño Quiñonero (Peal del Becerro-Jaén, 1929-Brenes, 2009), José María Martín Villazán (Ahillones-Ba­dajoz, 1921-Brenes, 2003), Rafael Larriba Salas, Manuel Millán Parrilla, Juan Atero Afán de Rivera (Alcalá la Real-Jaén, 1929-Brenes, 1995), Manuel Rodríguez Rodríguez (Fue-nte Palmera, 1929), Alonso Vargas López, fallecido en 1984 y Francisco Coto Vera, fa-llecido en 1991. Un militante comunista muy especial, durante los años sesenta, fue Rafael Martínez Ro­dríguez, conocido como Ho Chi Ming o Maroto. Desde muy joven (nació en 1942) se integró en el PCE. Iba y venía de Francia e introducía propaganda del partido para ser impresa en Madrid. Estuvo en esa tarea hasta 1974.

Será a partir de 1963 cuando los jóvenes organizarán las JJCC. En esa tarea entrarán Emilio Algaba Gaona y José Algaba Noa, a los 15 y 16 años de edad, respectivamente, y Antonio Magro Perea. A ellos se unieron, en 1965, Francisco Magro Ortiz (Paquito el Barquero), José Gaona Algaba, que vivía en el Cortijo Villalba con su familia, y Carlos Montero Bejarano, que jugó un importante papel al incorporar a muchos jóvenes a las Juventudes. Entre 1966 y 1969, pero sobre todo a partir de 1968 al volver Rosalino Daza definitivamente de Francia, formarán parte de las JJCC de Brenes: Carmelo Toledano Marchena, Antonio Magro Perea, José Prieto Noa, Manuel Algaba Noa, los hermanos Manuel y Francisco Espinosa Durán (Kiko), Manuel Guerra Lobo, José Manuel Algaba Gaona (fallecido en 1990, a los 40 años de edad), Antonio Magro Ortiz, José Rincón Rodríguez, Alejandro Jareño Sánchez, José Canelo Ruiz (fallecido en 2004 a los 46 años de edad), Juan Miguel Haro Paredes, Pedro Vargas López (Sevilla, 1946-Brenes, 2002) y otros muchos. La organización llegó a ser numerosa, de tal forma que, cuando volvió Antonio Piedra Magro de Alemania en 1968, Rosalino le preparó un encuentro con jóvenes breneros que se realizó en Mesa Redonda (Villaverde del Río). A ese encuentro asistieron unos cien jóvenes, a los que Antonio pudo dirigirse animándolos a seguir en la lucha contra la dictadura franquista. Fue un día memorable, que él recuerda muy grata-mente.

Al igual que ocurrió en otros pueblos, algunos jóvenes que estudiaban en Sevilla entraron en las JJCC en sus centros de enseñanza. Este fue el caso de Manuel Gaona Algaba, hijo de José Gaona Sánchez, que ingresó en las Juventudes en la Escuela Industrial en el curso 1967/68, cuando tenía 18 años. A ella había llegado procedente de la Escuela de FP Ntra. Sra. del Monte de Cazalla de la Sierra. Sus primos Emilio y José Algaba, ya men-cionados, y su hermano José estudiaron en el Centro de Formación Profesional Acelerada de La Línea (Cádiz) en el curso 1967/68 cuando ya hacía tiempo que pertenecían a las JJCC.

En los años sesenta y principios de los setenta, las JJCC contaron con un importante nú­mero de jóvenes breneras, de las que cabe destacar a Antonia Algaba Noa, Carolina Ma­gro Perea, Carmen Fornet Plaza, Consuelo y Josefa Pozo García, Mercedes Toledano Marchena y Mercedes Algaba Gaona. En 1970 se integraron Francisco Montero Bejarano, Eduardo García Marchena, y Manuel Morales Fernández, y en 1971 se afiliará Francisco Rosales Martínez, que ya tenía contactos con Rosalino Daza Jiménez, pues formaba parte del Grupo de Investi-gaciones Científicas, del que se afiliaron a las JJCC unos dieciséis de sus veinticinco miembros. La afiliación de Francisco Rosales ocurrió tras el conflicto que protagonizó junto a veinte jóvenes breneros en la empresa exportadora de naranjas, cercana al arroyo Bodegón de las Cañas, en la que trabajaban, y al que me referiré más adelante. Con él se afiliaron otros de los que participaron en el conflicto. Uno de ellos fue Sebastián Gaona, que formará parte, más tarde, del grupo musical Formas. En 1974 se unen a las JJ.CC. José Jiménez Sánchez, pero su antifranquismo se remonta a 1966, sus años de mili, y José Coto Sánchez, cuya su actividad antifranquista es anterior. En 1975 Manuel Molina Ro-dríguez se afilia al PCE, con el que ya colaboraba desde los años sesenta. Es sobrino de Dolores Molina Morón, víctima de la represión en 1936, y Marcelino Contreras Rodrí-guez, que falleció en julio de 2019. Fue alcalde de Brenes durante 12 años.

También en Brenes, como actividad colectiva, consiguieron montar una Caseta de Feria al comienzo de los años setenta. Será, al igual que la de San José, un nuevo espacio de li­bertad y una forma de salir a la superficie; un lugar de diversión, abierto a todos los veci­nos, y una forma de obtener dinero para el partido. Era una forma de solidaridad con todos, especialmente con los que estaban detenidos y con sus familias.

En 1973, sin embargo, se produjo la detención de un grupo de militantes comunistas. En esos momentos las organizaciones del PCE y de CC.OO. estaban bien asentadas y go­zaban de la simpatía de la mayoría de los trabajadores y vecinos de Brenes por las luchas mantenidas en el campo, contra el paro y en la localidad por los jóvenes.

Dichas detenciones ocurrieron en marzo de 1973, a consecuencia de un desgraciado in­cidente familiar de un simpatizante del partido, al que le fue encontrado en su casa un ejemplar de Mundo Obrero, cuando fue registrada por la policía. A partir de ese hecho fueron detenidos José María Martín Villazán, Alejandro Jareño Quiñonero, Rafael Larriba Salas, Alonso Vargas López, Manuel Millán Parrilla, Juan Rodríguez Rodríguez y Antonio Valle Rodríguez, acusados de asociación ilícita. Buscaron a Francisco Magro Ortiz, que a la sazón era responsable comarcal del PCE, pero no lo encontraron, ya que en enero había salido clandestinamente hacia Rumanía para hacer un curso de formación política. An-tonio Valle salió en libertad sin fianza; también salieron en libertad, después de tres días en la cárcel: Juan Rodríguez y Alonso Vargas, pagando una fianza de 50.000 ptas., y Manuel Millán, otra de 25.000, gracias a algunos familiares que pusieron el dinero. Jare­ño, Larriba y Martín, al no poder pagar las fianzas exigidas, permanecieron en prisión por orden gubernativa durante nueve meses. Recibieron ayuda (ropa y dinero) desde Francia y Alemania, según me confirma Alejandro Jareño Sánchez.

Nada más salir de la cárcel, Juan Rodríguez, presidente de la UTT (Unión de Trabajadores y Técnicos) de Brenes, fue a ver a Francisco Megolla, presidente de la UTT de la Cá-mara Agraria (la COSA), el cual no le echó mucha cuenta y no se comprometió a hacer ninguna gestión a favor de los detenidos. Fue, asimismo, a ver al Delegado Provincial de Trabajo, que tampoco hizo nada. A la vista de lo poco que les importaban los trabajadores encarcelados a estos señores del régimen, dimitió de sus cargos en el Sindicato oficial.

No hubo juicio, pues ya no fueron llamados de nuevo, pero los tres que permanecieron en la cárcel, estuvieron en esa situación hasta diciembre de 1973: “Salieron el día del atentado contra Carrero Blanco”, me dicen en sus compañeros. Las fianzas que pagaron los otros nunca les fueron devueltas. El único que fue juzgado por el TOP fue Francisco Magro Ortiz, que fue detenido cuando volvió de Rumanía. Fue torturado en la comisaría de la Gavidia, pero no obtuvieron información alguna de él. Salió en libertad provisional con una fianza de 50.000 ptas. Prácticamente fue el momento de marcharse de Brenes, pues en febrero de 1974 se casa con Celia Chofre, valenciana, que había conocido en su gira por los países del Este (Rumanía, la URSS y Checoslovaquia). A partir de entonces desarrolló su militancia en el PC y CC.OO. del País Valencià. El 20 de noviembre de 1975, el día de la muerte de Franco, se celebró juicio en Madrid ante el TOP, siendo absuelto de acuerdo con la sentencia 503/1975, pero las 50.000 ptas. no se la devolvieron, según me asegura su hermano Antonio. La sentencia recoge que era natural de Brenes, vecino de Valencia, de 26 años de edad, que estaba “en libertad provisional por esta causa (la 341/1974) por la que nunca estuvo privado de ella”, lo cual era falso. Los hechos se remontaban a “que en el mes de marzo de 1973 las fuerzas del orden localizaron en la localidad de Brenes (Sevilla) actividades de la agrupación Comisiones Obreras, ente tutelado por el denominado Partido Comunista de España”. El Ministerio Fiscal había solicitado la pena de dos años de prisión menor por un delito de asociación ilícita. En el juicio oral retiró la acusación, por lo que fue absuelto de dicho delito.

 
AUTOR: 
Ramón Barragán Reina
 
LIBRO: 
ANTIFRANQUISMO Y LUCHA OBRERA EN LA VEGA MEDIA DEL GUADALQUIVIR 1960-1975 (2024), páginas 16 a 20

(Continuará)

 

 

domingo, 16 de febrero de 2025

PRIMERA PARTE: LA NUEVA GENERACIÓN ANTIFRANQUISTA (2c) San José de la Rinconada

 San José de la Rinconada y la Vereda de los Solares (continuación)

En octubre de 1968 entraron a formar parte del C. Provincial del PCE Antonio Iglesias Rodríguez y Florindo García Castillo. Antonio Iglesias se hizo cargo de la organización del partido en Morón de la Frontera, Puebla de Cazalla, Paradas y Gerena, y Florindo de Fuentes de Andalucía y La Campana. En febrero de 1971, Antonio Galván Rojas y Juan Cantón Martos se hicieron hecho cargo del aparato de propaganda del PCE en Sevilla para sustituir a Cándido Durán, al que lo habían llevado a Francia para impedir su detención.1

En fechas distintas, los cinco serán detenidos y sufrirán la política represiva de la dic-tadura, unos más que otros.

El 22 de abril de 1970 fue detenido Florindo García Castillo, cuando hacía poco más de un mes que había salido de la Prisión Prov. de Sevilla, La Ranilla, donde había cumplido la condena impuesta por su participación en la manifestación ante el Cuartel de la Guardia Civil en septiembre de 1968, que se analiza más adelante. Le correspondió la causa 366/1970 y la sentencia 282/1970, de 2 de diciembre. Su detención, según la sentencia, se debió a que aparecieron en las calles de San José “impresos” del PCE. En su casa, la guardia civil descubrió que, en un foso de mampostería de 60 cm de profundidad, guar-daba propaganda, hojas y folletos de carácter marxista: láminas con un retrato de Lenin y el lema “Centenario de Lenin 1870-1970”; algunos números de Nuestra Bandera, Mun-do Obrero, Horizonte, La Voz del Campo Andaluz y Realidad, y, según la guardia cilvil, la formula para fabricar un “cóctel Molotov”. Fue condenado a 4 años y 1 día de prisión y 10.000 ptas. de multa, equivalentes a 30 días de arresto, si no pagaba dicha cantidad. Florindo cumplió dos años de prisión: un año en Sevilla, dos días en Córdoba, seis meses en Jaén y otros seis meses en el Centro Penitenciario de Palencia, habiendo pasado de camino por la Prisión de Carabanchel, símbolo de la represión franquista, donde estuvo dos días. Salió el 8 de diciembre de 1972 en libertad condicional.

José Navarro fue detenido en los últimos días de 1970. Desde el 14 de diciembre se vi-vía en España un nuevo Estado de Excepción, que anulaba el art. 18 del Fuero de los Es­pañoles, por lo que la policía tenía manos libres, aún más, para tener en comisaría a los detenidos el tiempo que quisiese, por las protestas y movilizaciones realizadas con moti-vo del Proceso de Burgos. En Sevilla, las JJCC se manifestaron en el Polígono San Pablo. La policía detuvo a varios jóvenes, que formaban parte del comité de las Juventudes. A partir de ahí, la policía detuvo a parte del Comité Provincial del PCE, y los que no fueron detenidos vivieron dos meses de gran miedo. Estuvieron huidos de sus casas, escondidos en casas de amigos o en algunas con las “comunas” (pisos alquilados donde se refugiaban militantes comunistas perseguidos durante un tiempo) para eludir a la policía y las torturas a las que eran sometidos. Ya en esas fechas estaba en Sevilla el inspector de policía Antonio Juan Creix, como Jefe Superior de Andalucía. Algunos terminaron exiliados en Francia, a donde se los llevó la dirección del partido. José Navarro permaneció en prisión unos dos meses y medio, hasta el 11 de marzo de 1971, día en el que decretaron su libertad, junto a otros miembros del PCE sevillano. Sin embargo, otros 48 militantes fue-ron procesados, abriéndoles la Causa 194/71. La policía sevillana consideraba que había desarticulado el PCE en Sevilla, especialmente su Comité Provincial, lo cual no era cierto. Para contrarrestar las informaciones de la policía y autoridades provinciales, los comunistas imprimieron, como pudieron, un millón de “palomitas” firmadas por el C. Pro-vincial para dejar claro que la actividad continuaba y con fuerza. En la impresión de estas octavillas participaron los militantes de la capital y de todos los pueblos de la provincia, empleando todo tipo procedimientos para imprimir: “vietnamitas”, imprentillas de jugue-te, sellos de goma a modo de tampón... Fue una actividad ampliamente recordada, por la que todos muestran un gran orgullo, y no es para menos. Según Antonio Galván Rojas, “el jefe de la político-social de Sevilla se llevó una gran bronca de Madrid”.

Antonio Iglesias, desde 1968 hasta 1973, continuó su actividad en el Comité Provincial de forma ininterrumpida, excepto tres días que estuvo detenido en junio de 1970 durante la Huelga de la Construcción de aquel año en Sevilla. En el verano de ese mismo año el C. Provincial del PCE tuvo la osadía de realizar un curso de preparación de cuadros en un camping alquilado de La Antilla (Huelva). Al curso asistieron 15 militantes sevillanos, de los que solo dos eran mujeres, más los miembros de la dirección provincial que daban las conferencias y animaban los debates.

En en el verano de 1971 montaron un campamento-cursillo en el río Viar, del cual Antonio Iglesias fue el responsable. Asistieron unos 40 jóvenes de varios pueblos de la comarca de la Vega y de la provincia. Dieron charlas los líderes sevillanos: Eduardo Saborido, Fernando Soto, Benítez Rufo y otros.

Siendo ya Secretario Provincial, Antonio Iglesias asistió al VIII Congreso el PCE, celebrado en julio de 1972 en París, poco después de la detención en Pozuelo de Alarcón de los dirigentes de CC.OO., que dio lugar al Proceso 1001. Fue elegido miembro de un renovado y rejuvenecido Comité Central, formado por 118 militantes, muchos de ellos jóvenes del interior.

Todo iba bien, pero en octubre de 1973 la policía llevó a cabo una importante redada. Fueron detenidos: Antonio Iglesias, Antonio Galván, Juan Cantón y otros trece comunis­tas sevillanos. Y tras las detenciones, los interrogatorios y las torturas en comisaría.

Estas detenciones fueron presentadas por la policía como un rotundo éxito de la BPS de la Jefatura Superior de Sevilla. El ABC de Sevilla publicó la noticia, que en realidad era la nota de la Jefatura Superior de Policía, el día 25 de octubre con el siguiente titular: DE­SARTICULACION DEL COMITÉ REGIONAL DEL PARTIDO COMUNISTA EN SEVI­LLA. El subtítulo decía: “La Policía ha encontrado el piso donde se confeccionaba la propaganda para toda la región”. Ni lo uno, ni lo otro había ocurrido, no tenía nada que ver con las noticias manipulas a gusto de la dictadura, pues en realidad no detuvieron a nadie del Comité Regional (Antonio Iglesias había realizado tareas de este comité sin pertenecer a él), ni era el único piso donde se confeccionaba la propaganda. Según Gal-ván, existían otros dos pisos más donde se realizaba ese trabajo. Sí era verdad que en el piso registrado habían intervenido una multicopista eléctrica y dos máquinas de escribir, así como diverso material utilizado y ejemplares de las diversas publicaciones del PCE y de CC.OO..

Juan Cantón quedó en libertad a las 72 horas de su detención, pues ya estaba desvincu-lado, por precaución organizativa, del aparato de propaganda, y la policía no pudo demos­trar nada. En cambio, Iglesias y Galván pasaron a disposición judicial y no les concedie­ron la libertad provisional. Tras veinte meses de prisión preventiva fueron juzgados por el TOP en Madrid con otros siete de los dieciséis detenidos. Pasaron por las cárceles de Córdoba, Jaén, Ocaña y Carabanchel. La sentencia fue emitida el 27 de mayo de 1975: Antonio Galván fue condenado a 2 años de prisión menor por el delito de asociación ilícita y a otros 2 años y multa de 10.000 ptas. por propaganda ilegal, y Antonio Iglesias fue condenado a 3 años y 10.000 ptas. de multa por el delito de propaganda ilegal, siendo absuelto del de asociación ilícita, y enviado el 27 de octubre a Zaragoza a cumplir con-dena; Galván continuó en Sevilla, pues recurrió la sentencia. Salieron de la cárcel el 5 de diciembre, quince días después de la muerte de Franco, por el indulto general concedido el 25 de noviembre de 1975 con motivo de la proclamación de Juan Carlos como rey.

Antonio Iglesias asumió entonces la Secretaría del Comité Local de Sevilla y continuó perteneciendo al C. Central el PCE. Poco después fue elegido para el C. Regional, sin abandonar la actividad política en San José y otros pueblos de la comarca. Antonio Gal-ván marchó a Holanda. A su vuelta en 1980 puso en marcha, junto a otros emigrantes, el proyecto agrícola “La Pequeña Holanda”. Juan Cantón, que había vuelto a tener una im-portante actividad política en San José y en algunos pueblos cercanos, se unió al proyecto de Galván en 1982. Falleció el 30 de octubre de 2003.

Rafael Fernández Rodríguez, Pataleto, fue durante 1972 y 1973 responsable de repartir Mundo Obrero con su coche por algunos pueblos de la provincia después del trabajo. Los recogía en Dos Hermanas y comenzaba el reparto. A finales de 1973 sustituye a Francisco Magro Ortiz, de Brenes, como responsable de la comarca.

Leandro Escudero Segura, en septiembre de 1973, fue enviado a Rumanía para hacer un curso de formación. Allí estuvo seis meses. A su vuelta tuvo que estar otros tres meses en París, pues el fusilamiento del anarquista Salvador Puig Antich (2 de marzo de 1974) aconsejaba no pasar la frontera. Cuando volvió a España la policía lo sometió a una se-vera vigilancia. Un día se presentaron en su domicilio, en San José, le presentaron a su mujer, Antonia García López, una foto de él y registraron la casa en presencia de dos testigos. Cuando pudieron, le avisaron a Leandro, quien marchó a Sevilla. Estuvo escondido hasta que el PCE decidió trasladarlo a París. Posteriormente se fue Antonia con la única hija, de tres años, que tenían entonces. Vivieron en Luxemburgo, donde le dieron asilo po-lítico. Allí les nació su segunda hija, trabajaron en distintas empresas y participaron en la actividad del PCE en el exterior: reuniones, rifas y fiestas para recaudar dinero y parti-cipando en manifestaciones. Antonia recuerda con gran satisfacción personal, que apa-reció en la prensa luxemburguesa vendiendo el Mundo Obrero. Volvieron en la Navidad de 1975, después de la muerte del dictador.

1. Así lo cuenta Antonio Galván:“Ya que el aparato de propaganda del PCE en Sevilla había sido medio desmantelado por la policía, me piden que me incorpore a propaganda. Juan Cantón (ya fallecido), de San José de la Rinconada, alquila un piso en una barriada de Sevilla y pasa a vivir allí con su familia. Montamos dos multicopistas y las hacíamos trabajar sin descanso. A pesar de que había un estado de excepción, hacíamos y repartíamos a los pueblos y a otras capitales como Cádiz y Huelva: Mundo Obrero, Nuestra Bandera, La Voz del Campo Andaluz e infinidad de escritos, manifiestos, octa­villas... Al cabo de un año, aproximadamente, tuvimos que cambiar de sitio todo el aparato de propaganda”

 

 
AUTOR: Ramón Barragán Reina

LIBRO: ANTIFRANQUISMO Y LUCHA OBRERA EN LA VEGA MEDIA DEL GUADALQUIVIR 1960-1975 (2024), páginas 14, 15 y 16

(Continuará)

 

martes, 11 de febrero de 2025

PRIMERA PARTE: LA NUEVA GENERACIÓN ANTIFRANQUISTA (2b) San José de la Rinconada

 San José de la Rinconada y la Vereda de los Solares (continuación)

Pocas mujeres estuvieron encuadradas en el PCE con anterioridad a los años sesenta, aunque las mujeres de los viejos y nuevos militantes del PCE colaboraron siempre, en ma-yor o menor grado, de la actividad de sus maridos y en las acciones reivindicativas. A partir de 1962 muchas jóvenes ingresarán en las JJCC o en el PCE de San José de la Rinconada. Carmen Aparicio Prieto (Carmona) fue una de las primeras, pues tenía el ejemplo de lucha de su padre. Le seguirán otras muchas en la década de los 60: Antonia García López (Sevilla); Antonia Tobarias Moreno (Alhama de Granada); Magdalena Camisón Arteaga, Malena; Antonia, Carmen y Concepción García Castillo, nacidas en Santiponce; Antonia Benito Muñoz; Rosa Espinar Álvarez; María y Pilar Navarro Escudero; Isabel Isla; Manuela Castillo López y Joaquina Castillo Castro (Guadalcanal). En los primeros años de los 70 se integraron: Ana Gómez López, hija de Domitila; Isabel Ortega Castilla (Villanueva de San Juan); Josefa Gutiérrez Chía (Gilena); Carmen Fer-nández Rodríguez (Alanís), que falleció en agosto de 2012 a los 59 años de edad, y Remedios Cadenas Fernández (La Lantejuela). La colaboración de algunas de ellas con las actividades del PCE o de CC.OO. es muy anterior a su afiliación.

En los años finales de la dictadura llegarán a San José de la Rinconada algunos militan­tes comunistas que, integrados en el PCE local, potenciarán la lucha por la democracia y la actividad asociativa de la localidad. En noviembre de 1969 llegaron los José Llorens Llorens (Carcagente-Valencia, 1929) y Josefa García Lluch (Benegida-Valencia, 1930), después de años en Francia, donde participaron en la actividad antifranquista y de solida-ridad con los presos y militantes comunistas españoles. En 1971, David Balmaseda Agui-lera (Cuerva-Toledo, 1937) fijó su residencia en esta localidad después de algunos años en Frankfurt (Alemania), donde se había afiliado al PCE, habiendo participado en las ac-ciones antifranquistas en tierras alemanas. En 1975, Cayetano Gil Murillo (San Jeróni-mo, 1938), que tuvo que exiliarse a Francia en 1962 tras la huelga en ISA en 1962, se estableció en San José de la Rinconada con toda su familia cuando volvió a España. Pos-teriormente, llegará José María Ruiz García (Consuegra-Toledo, 1937), militante comu-nista desde los 15 años, con una larga historia personal de luchas, detenciones y sinsa-bores. Tanto Cayetano como José María (Pepín) jugarán un activo papel en el movi-miento asociativo de San José: en la Asociación de Vecinos “La Unidad” y en las Asocia-ciones de Padres y Madres de Alumnos. En 1976, José Llorens se convertirá en responsable político de la Agrupación Local del PCE.Fue concejal del Ayuntamiento de La Rinconada entre 1979 y 1987.

Una acción, iniciada en 1965, que unirá a todos, mayores y jóvenes, será la creación de la Caseta de Feria. Les dará presencia pública, cumpliendo con años de antelación la con-signa del partido de salir a la superficie, y un gran prestigio en San José de la Rinconada y en todos los pueblos de la comarca y de la provincia de Sevilla. Supondrá, asimismo, romper con los miedos que atenazaban cualquier acción.

Así, el primer año que la feria fue trasladada a El Palmar, los jóvenes comunistas de San José, montaron la primera caseta, tras conseguir el permiso del Ayuntamiento, del que era Alcalde Fernando Belmonte Sánchez (1959-1968). La llamaron Los Invencibles, nom­bre sugerido por Rafael Contreras, el Zapatero. Al año siguiente, en 1966, el Alcalde les negó el permiso. Ante la negativa, 100 jóvenes se concentraron ante la Tenencia de Alcal­día. Amenazaron con impedir la realización de la Jira, nombre de la feria de San José de la Rinconada. Hubo reuniones con el alcalde, alguna de ellas con la presencia del sargento de la guardia civil, que consideraba que la caseta era un foco comunista, algo que desmintieron. Al final, les concedieron uno de los lugares que quedaban libres, con las condiciones de que no habría cante, ni camisas rojas y que no podrían aparecer por la ca-seta los que habían salido de la cárcel en 1963 y otros destacados militantes. Tampoco admitían el nombre de Los Invencibles, y lo cambiaron por Los Amigos. El permiso defi-nitivo le fue concedido a una comisión formada por Juan Hidalgo Navarrete, Juan Cantón Martos, Pedro Palomino Cava, Antonio Rodríguez Fernández y José Jiménez Berral.

En la práctica aquel año entró todo el mundo: no se cumplieron las restricciones. Fue un éxito, que se repetirá año tras año. Servirá para la diversión y el encuentro festivo, pero también para recoger dinero para el partido y tener una presencia real. Desde 1967 se le llamará definitivamente Caseta Popular. Habían conquistado una legalidad de hecho y una nueva zona o espacio de libertad en plena dictadura.

Otra iniciativa fue el intento de creación de un Club juvenil independiente en 1967. Fue una iniciativa de las JJCC del Barrio. Alquilaron un local y durante dos meses estuvieron acondicionándolo y amueblándolo entre todos, de forma altruista, pero el día anterior a su inauguración apareció el Comandante de Puesto de la Guardia Civil, acompañado de va-rios guardias civiles, con metralleta en mano, y los desalojó. El sueño de tener un local propio para hacer bailes y poder reunirse con más libertad se frustró. Tampoco pudieron hacer muchas excursiones para celebrar asambleas masivas. Tuvieron éxito en 1968, cuando las JJCC de San José hicieron una excursión a Aracena para ver la Gruta de las Maravillas y poder celebrar una asamblea para debatir los temas de actualidad y las direc-trices del partido. Pero, en otra ocasión, que quisieron repetir la experiencia yendo al Ba-rranco Hondo, cerca de Burguillos, pero los guardias civiles lo impidieron.

Se debe tener presente que los militantes comunistas de San José siempre “gozaron” de una “excelente” vigilancia por parte de la guardia civil y de Brigada Político-Social (BPS), siempre presentes en el Barrio para mantener las aguas en su cauce y que no se desbordaran. Esta vigilancia incluía llamamientos, bastante frecuentes, al cuartel, con la correspondiente tanda de golpes y guantazos y, a veces, algo más, detenciones de uno o dos días y los registros de algunas casas cada vez que ocurría algún hecho relevante. Llevar una camisa roja, por ejemplo, podía ser motivo para recibir una paliza en el cuar-tel. Muchos pasaron por aquella casa, más de una vez, y sufrieron malos tratos.

Algunos militantes rinconeros tuvieron que asumir responsabilidades políticas comarcales o provinciales y participaron en actividades formativas en el extranjero, en la provin­cia sevillana o en Huelva, derivadas en algunos casos de sus responsabilidades políticas.

El primero en asumir responsabilidades provinciales fue Manuel Aguirre Pérez, Gari­baldi, en unos momentos muy difíciles, y en 1964 salió al extranjero Florindo García Castillo, animado por Juan Menor Luque, que convenció a su padre. Estuvo en París 15 días en un Campamento de las Juventudes Comunistas, asistió al Forum Mundial de las Juventudes Comunistas, celebrado en Moscú y visitó Thaskent, Leningrado y Stalingrado. En Alemania del Este recibió un cursillo sobre marxismo y visitó los campos de concen-tración nazi y el búnker donde murió Hitler. A su vuelta en enero de 1965 tuvo, a partir de entonces, una intensa y destacada actividad en el ámbito local, comarcal y provincial.

Máximo Darío Catalina estableció contactos con militantes o simpatizantes comunistas de Guillena, Torre de la Reina y Alcalá del Río, cuya organización había desaparecido. Posteriormente reingresó a Correos y se trasladó de nuevo a Sevilla. Fue detenido el 26 enero de 1967, junto a militantes sevillanos del PCE, entre ellos Eduardo Saborido, Pedro Valladares, José Manuel Leal, Francisco Javier Galiana y otros. La policía informó de las detenciones efectuadas en Sevilla, apareciendo la noticia en la prensa con el titular LA POLICÍA DE SEVILLA DESARTICULA UNA ORGANIZACIÓN EXTREMISTA. En ella se reproducía la nota oficial enviada por la Jefatura Superior de Policía:

Como resultado de las gestiones que desde hace algún tiempo viene realizando la Brigada Regional de Investigación Social de esta Jefatura Superior de Policía para descubrir a los autores de la confección y difusión de propaganda clandestina contra el régimen, y pinturas con letreros y textos subversivos, se pudo determinar las personas que componían un grupo que, obedeciendo consignas del partido comunista, venían dedicándose a dicha tarea, inci-tando a la subversión y a adoptar posturas de rebeldía, creando un estado de excitación peli-grosa en algunos sectores (ABC Sevilla, 26.01.1967, p. 38).

La noticia, al final, resaltaba que fruto de dichas investigaciones se habían producido las detenciones y afirmaba que celebraban reuniones en el domicilio de uno de ellos en esta capital y difundían el periódico clandestino Mundo Obrero y otros de idéntico matiz po-lítico. En aquellos años, la BPS de Sevilla estaba formada por José Martín Fernández (el Jefe), Alfonso López Domínguez (Inspector jefe) y los inspectores: José Soriano Caste-llón, Francisco Colinas Nieto, Francisco Beltrán Ortiz y Emilio Serrano González. En 1970 llegaría el inspector Antonio Juan Creix, imcrementando la nómina de torturadores.

Desde finales de 1967 Juan José Navarro Escudero, Santiago, formó parte del Comité Provincial del PCE como responsable de organización, sustituyendo a Antonio García Ca-no, que había sido detenido en noviembre de dicho año y condenado posteriormente a cinco años de cárcel.

En abril de 1968 Juan José Navarro y Antonio Iglesias Rodríguez, Alberto, fueron en­viados a París para realizar un curso de formación política. Se encontraron allí. No sabían previamente que ambos habían viajado a Francia con el mismo objetivo por razones de clandestinidad. Antes, Navarro recorrió varios países del Este: la URSS, Checoslovaquia y Alemania del Este. Durante el curso tuvieron como profesores a miembros del Comité Central: Santiago Carrillo, Ignacio Gallego, Antonio Mije, Manuel Delicado, Santiago Álvarez, Tomás García, Federico Melchor, Jesús Izcaray, Eduardo García y Agustín Gó-mez. Coincidieron con el Mayo francés, por lo que el curso terminó antes de lo previsto dada la situación que vivía Francia. El PCE decidió interrumpirlo y poner a los asistentes en la frontera.

Navarro, a su vuelta de Francia, no solo continuó en el Comité Provincial, sino que im-pulsó el desarrollo organizativo de algunos pueblos de la provincia, entre ellos Villaverde del Río y Cantillana, a los que se desplazaba en moto, logrando impulsar la organización y el fortalecimiento de las de las JJCC, del PCE y de CC.OO.. En esta organización tendrá más adelante responsabilidades provinciales y regionales.

 
AUTOR: Ramón Barragán Reina

LIBRO: ANTIFRANQUISMO Y LUCHA OBRERA EN LA VEGA MEDIA DEL GUADALQUIVIR 1960-1975 (2024), páginas 11, 12 y 13.

 

(Continuará)