jueves, 30 de julio de 2026

TESTIMONIOS ANTIFRANQUISTAS: FRANCISCO PALOMO BLANCO, VECINO DE CANTILLANA

    ENTREVISTA A FRANCISCO PALOMO BLANCO, Paco Gumersinda, de Cantillana

24 de mayo 2007

Nació el 9 de febrero de 1927. Hijo de Joaquín Palomo Marroco y Gumersinda Blanco Moreno. No pudo asistir a la Escuela pública (la de D. Francisco Lara) pues tenía que vender la berza y llegaba muy tarde, por lo que lo poco lo que aprendió se lo debe a un tal Manuel, que daba clases particulares a los chavales que no podía ir a la escuela.

Recuerda que cuando tenía 19 años, estando trabajando en Las Viñas, leía “La Madre” de Máximo Gorki. Eso motivó que Manuel Ortiz Sánchez, que era guarda de riego, comunista organizador del PCE en Cantillna, se acercara a él y entablaran conversación. Manuel Ortiz distribuía, siempre que podía, el Mundo Obrero y octavillas comunistas. Desde entonces se interesó por el Partido Comunista, hasta tal punto que un día Manuel Ortiz lo presentó a otros camaradas que se reunían en torno a una mesa y a un vaso de vino en el Bar de Luis (en el Llano). Tendría 19 años.

Con Manuel Ortiz se reunían: Manuel Esteban Reina y su hermano Julián, “El Pelón”, El Calero, Miguel Rodríguez Reina “Patagorda”, Manuel Castaño y otros. Ellos se planteaban la necesidad de que gente joven continuaran su trabajo.

Después de la mili siguió relacionándose con los comunistas y llegó a tener un círculo de influencia de unos 300 jóvenes. Era la década de los cincuenta. Con él estaban Meaito (Antonio Tirado Villalón), El Bombo, Chicharra, Remolino, Bernardo y su hermano.

En 1957, cuando el PCE aprobó la estrategia de entrar en los Sindicatos Verticales de la Dictadura, se introdujeron en “el Sindicato”, como lo llamaban en Cantillana (La Hermandad de Labradores y Ganaderos), en su sección social. Discutían sobre los precios de los productos, las peonadas, los jornales, las faenas agrícolas en general, lo que permitía estar en contacto con muchos trabajadores del campo... Algunas veces cons-tituyeron comisiones que, acompañando al Alcalde, Jesús Pérez Pueyo, quisieron entrevistarse con el Gobernador Civil para recabar fondos para los parados. Sólo una vez lo consiguieron. Las demás veces fueron recibidos por otros altos cargos de la provincia.

Además de la actividad en “el Sindicato” estaba la actividad del partido: salir en bicicleta, de noche, para Villaverde, Brenes o cerca de Carmona, recoger la propaganda (espe-cialmente el Mundo Obrero) y repartirlo clandestinamente. Ya en los años sesenta el enlace del artido era un tal Pepe o Santiago (nombres para la clandestinidad), que era del “Barrio” (San José de la Rinconada).

Con él en “el Sindicato” se reunían: Manuel Naranjo El Cuelo, Pepe Marroco, Antonio Rivero Romero “Rosquete”, Manuel de la Hera Chicharra, y otros (no se acuerda ahora de más), Bernardo. El secretario era Ricardo Parrilla. El presidente de la Hermandad de L. y G. era Carlos Serra Vázquez, heredero de la mayoría de las tierras de Eduardo Solís Olavarrieta, primer terrateniente cantillanero.

A finales de los años sesenta fue concejal por el tercio sindical en 1966. Lo eligieron en “el Sindicato” los doce miembros de la sección social (todos del PCE, según me dice). De esta forma entró a formar parte del Ayuntamiento. Fue concejal de 1967 a 1970. (Ver al final de la entrevista)

Una de las acciones, que recuerda, fue una manifestación de trabajadores que llegaron hasta la puerta del Alcalde. “La calle Buenavista estaba llena de obreros. Llegaban hasta la puerta del Ayuntamiento”, me dice. El motivo fue que se corrió el rumor de que no había dinero para seguir las obras que estaban haciendo, pero él estaba bien informado de que sí había, que era mentira. Informó a los trabajadores y se dirigieron hacia la casa del Alcalde y el Ayuntamiento. El Alcalde le manifestó que no había dinero, pero al ver tanta gente, se asustó y admitió que siguieran trabajando.

Francisco Palomo Blanco fue elegido concejal por el tercio sindical por sus compañeros en el Sindicato y quedó adscrito a las Comisiones de Gobernación y de Obras Públicas. Asistió regularmente durante los años 1967, 1968 y 1969. Ya en 1970 no aparece en las actas consultadas, porque el 25 de octubre de 1970 su puesto es declarado vacante en la Sesión Extraoirdinaria del Pleno del Ayuntamiento celebrado ese día. Dice expresamente el acta: “Vacante del tercio sindical como consecuencia de excusas, incompatibilidades, incapacidades y perdida del cargo, acordadas de conformidad con el art. 382 de la Ley, correspondiente a D. Francisco Palomo Blanco”.

Y fue porque el 11 de agosto de 1970 fueron detenidos José Romero Quintana “el Bombo”(1921), Bernardo Muñoz González (1934), Ramón Rodríguez Sánchez (1947) y Francisco Palomo Blanco. Días antes les había llegado la noticia de que en Brenes y en Villaverde otros camaradas había caído. Ellos iban a salir como otras noches, pero supieron que la Guardia Civil estaba pendiente de cualquier movimiento. Se reunieron y decidieron no salir. No obstante, el Bombo salió a repartir la propaganda. La Guardia Civil se dio cuenta de sus movimientos al encontrar los papeles secos tirados en las cunetas y lugares de trabajo. Eso significaba que podía estar cerca. Si hubiesen estado húmedos, podrían haberlos tirado al principio de la noche y estar ya lejos. Esperaron y lo sorprendieron antes de llegar al Arroyo Hondo. “Lo llevaron al Cuartel, le dieron una buena paliza, después lo trasladaron a Sevilla, donde lo torturaron hasta mas no poder”. A continuación fueron detenidos los demás, siendo llevados a Lora del Río. Allí llevaron también a José Romero, “que parecía un Cristo”. Sólo estuvo 24 horas. Tuvieron que ingresarlo urgentemente en el Hospital de Sevilla, donde murió en 1973 a consecuencias de las palizas y malos tratos que recibió. Me cuenta Paco que cuando estaban interrogándolo, llevaron a su presencia al Bombo. Verlo estremecía. El Bombo le dijo que declarara para que no le pasase igual que a él. Admitió, entonces, su pertenencia al PCE y a las Comisiones Obreras.

El día 17 de agosto fueron puestos en libertad provisional, tras el pago de las correspondientes fianzas. Fueron acusados de asociación ilícita y propaganda ilegal. En el juicio, el 21 de febrero de 1972, según consta en la sentencia 47/1972 del TOP, les acusaron de sendos delitos de propaganda ilegal y asociación ilícita, sin embargo sólo José Romero Quintana fue condenado por propaganda ilegal a la pena de 1 año de prisión menor y 10.000 ptas. de multa o 30 días de arresto en caso de impago, siendo los demás absueltos de este “delito”. Todos, incluido José Romero, fueron condenados a 9 meses y 1 día de prisión mayor por el delito de asociación ilícita. Eduardo Saborido fue condenado a 6 meses y 1 día de arresto mayor por el mismo delito. Posteriormente, el 20 de abril de 1972, fueron indultados por el TOP de la mitad de la pena que les fue impuesta. Solo tuvieron que estar en la cárcel unos tres meses, que cumplieron en la cárcel del pueblo.

Posteriormente su actividad antifranquistas quedó en segundo lugar, habían sido muchos años dedicados a luchar pacificamente contra la Dictadura. 

30 de julio de 2026 

                                                                                                                  Ramón Barragán Reina

H0Y, 30 DE JULIO, HACE 90 AÑOS QUE CANTILLANA FUE OCUPADA POR LA COLUMNA MILITAR DE JOSÉ GUTIERREZ, POR MANDATO DE QUEIPO DE LLANO, CON MUERTES EN LAS CALLES Y FUSILADOS EN EL BARRANCO. FUE EL COMIENZO DE UNA BRUTAL REPRESIÓN.

                                                                                                                          

 Esta entrevista, como otras muchas, me sisvieron para escribir mi libro  DE LA CLANDESTINIDAD A LA LIBERTAD CONQUISTADA, editado en 2014 por CIRCULO ROJO. y de mi libro CANTILLANA II REPÚBLICA. LA ESPERANZA  ROTA, editado en 2006 por Muñoz Moya Editores, Brenes-Sevilla. Su nombre aparece en diversas páginas del libro.

 

sábado, 18 de julio de 2026

Hace 90 años: Sevilla y la Vega del Guadalquivir bajo el poder de la alianza de los militares con los terratenientes sevillanos y sus allegados

  

Hace 90 años

Sevilla y la Vega del Guadalquivir bajo el poder de la alianza de los militares con los terratenientes sevillanos y sus allegados

Ramón Barragán Reina

No es necesario relatar todos los acontecimientos que se produjeron en torno a la suble­vación militar contra la República,1 pues son de sobra conocidos, pero sí dejar constan­cia que desde el 18 de julio, con la conquista de Sevilla a sangre y fuego, por los militares sublevados al mando del traidor Queipo de Llano, que se autoproclamó general de la IIª División Militar (Andalucía), después de destituir al General de División José Fernández de Villa-Abrille, que en 1936 ostentaba el mando de la II División,  y la subsiguiente represión desatada contra los trabajadores y sus dirigentes políticos y/o sindicales, cambia radicalmente el rumbo de la Historia de España y de Andalucía. Desde el primer momento funcionó a la perfección la alianza de los mili­tares con los terratenientes sevillanos, que contó también con el apoyo decisivo del pequeño y mediano campesinado2, de toda la oligarquía sevillana, de los grupos políticos de extrema derecha: Falange, Comunión Tradicionalista (requetés), Renovación Española (monárquicos alfonsinos), de la mayoría de los votantes de la derecha (la CEDA) y de la Iglesia Católica sevillana. Esta alianza, que se dio ampliamente en Sevilla (tierra de terratenientes), es la expresión más clara de la opción realizada por la alta burguesía u oligarquía española en 1936, tras las elecciones de febrero, para recuperar de nuevo la hegemonía de clase en la sociedad española. La oligarquía terrateniente, que formaba parte de la oligarquía españo­la, jugará un importante papel en la represión, la guerra y la construcción del “Nuevo Es­tado” desde el inicio de la guerra.3

La guerra, tras el frustrado (a medias) golpe de Estado, no era una cruzada, aunque a los militares golpistas les vino bien esa definición dada por los obispos. Fue, ante todo, el episodio más dra­mático, trágico y sangriento de la lucha de clases en España, que se saldó, sin paliativos, con la derrota total de la clase obrera, del proletariado español en su conjunto y del prole­tariado agrícola en particular, y todos aquellos que querían que España entrase en una época de libertad, progreso y modernidad, rompiendo las cadenas que la atenazaba su cre­cimiento económico y el bienestar social de los españoles. Esta es para mi la definición de la Guerra española, que no fue ni una guerra entre hermanos (guerra fratricida), como dicen algunos, ni una guerra entre bandos contrarios enfrentados, como dicen otros, sino que fue una limpieza política de clase o genocidio (aniquilación o exterminio de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos), que realizaron detallada y premedita­damente con el fin de eliminar a todas las personas (en su mayoría trabajadores) que pu­diesen ser un obstáculo (real o imaginario) para sus planes de apropiación de todo el po­der político, económico, social y cultural y ponerlo al servicio de las clases dominantes, de los terratenientes y de los banqueros, y de la trasnochadas ideas que tenían sobre Espa­ña y los españoles y que impondrán a todos. Algunos historiadores (y llevan razón) lla­man holocausto4 a las consecuencias de la represión ocurrida en España desde 1936.

El terror militar-fascista, del que ningún pueblo va a quedar libre, fue, por tanto, una represión premeditada, sistemática y organizada jerarquicamente, de acuerdo con las Instrucciones de Mola5 o los Bandos de Guerra de Queipo, que irá contra todos los que habían tenido algo que ver con el Frente Popular: los militantes de los partidos y sindicatos que lo formaron o apoyaron, especial­mente los que habían sido interventores en las mesas electorales, y, también, los cene­tistas, con lo que pronto las fosas abiertas en los pueblos y en la capital (Pico Reja, Monumento y otras) se fueron llenando con las víctimas asesinadas en aplicación de los Bandos de Guerra. No fueron represalias6, aunque pudieran existir alguna que otra venganza entre vecinos. En todos los casos, los militares, incluyendo en ellos a la Guardia Civil, fueron el brazo ejecutor necesario para llevar a cabo la represión tras la ocupación de cada pue­blo, contando siempre con la estrecha colaboración de las “fuerzas vivas” (los hombres de derecha o extrema derecha) de cada uno de ellos. Por supuesto que existió también una violencia indiscriminada, que podríamos llamar “cola-teral”, pero ésta entraba perfecta­mente en sus pretensiones represivas, ya que acrecentaba aún más el terror y sembraba para siempre el pánico, puesto que para los sublevados el fin justificaba los medios.

Como muestra de que todo estaba bien preparado, el gobierno de la ciudad y de la pro­vincia recayó inmediatamente en terratenientes nombrados por Queipo de Llano, los cua­les –se daba esa circunstancia– eran grandes propietarios en la comarca de la Vega Media: Ramón de Carranza Gómez que se convirtió en alcalde de Sevilla y jefe de una columna mixta; Pedro Parias González, en gobernador civil de la provincia, y Joaquín Benjumea Burín, en presidente de la Diputación Provincial y lo que le llegó después... Todos ejercie­ron sus cargos en los momentos más intensos de la represión militar-fascista.

Ramón de Carranza, capitán de corbeta retirado, gran propietario en el municipio de La Rinconada, en El Gordillo, colaboró activamente en la liquidación sangrienta de la re­sistencia obrera en Sevilla y se destacó, además, por su represiva forma de proceder en la conquista de los pueblos al mando de la columna de falangistas y guardias civiles, que llevaba su nombre. El propio Queipo lo consideraba “más guerrillero que marino y alcal­de y un bravo que manda un grupo de bravos”7. Franco lo premió con la Medalla Mili­tar el 13 de octubre de 19368 y lo nombró, más tarde, presidente de la Diputación Pro­vincial de Sevilla (1946-1961) y procurador en Cortes entre 1946 y 1949.

Pedro Parias, coronel retirado de Caballería, cacique de Castilleja del Campo y propie­tario agrícola en Alcalá del Río, fue firmante del bando de guerra de 19 de julio (dictado por Queipo de Llano). Asesoró a Queipo en la elección de alcaldes y de otros colaborado­res idóneos. Durante la Dictadura de Primo den Rivera había sido presidente de la Dipu­tación de Sevilla. Falleció en 1938.

Joaquín Benjumea, propietario del cortijo El Castellón (La Rinconada) y con intereses en empresas sevillanas, participó en la Junta Técnica Provincial y en la Junta Técnica de Falange antes del cargo de presidente de la Diputación. Posteriormente, en mayo de 1938, será jefe del Servicio Nacional de Regiones Devastadas,9 cargo que simultaneará con el alcalde de Sevilla entre noviembre de 1938 y julio 1939, director del Instituto de Crédito para la Reconstrucción Nacional entre marzo y octubre de 1939, ministro de Franco du­rante doce años (de 1939 a 1951, de Agricultura, Trabajo y Hacienda) y gobernador del Banco de España desde 1951 hasta 1963, año en el que murió. Él y el militar y terrate­niente sevillano, Luis Alarcón de la Lastra (1891-1971), conocido por su oposición fron­tal a la República y elemento importante en la alianza de los militares con los latifundis­tas, fueron “los cerebros de la economía de guerra implantada por Queipo” y activos reor­ganizadores de la vida administrativa y económica del “Nuevo Estado” a partir de 1939. Luis Alarcón fue Ministro de Industria y Comercio entre 1939 y 1940.10

No se quedaron atrás otros activos terratenientes sevillanos enemigos de la República. José Huesca Rubio, defensor incansable de los intereses de los terratenientes sevillanos y vinculado al proyecto del canal de riegos de la Vega desde el principio, fue confirmado por Queipo como presidente de la Comunidad de Regantes del Canal del Valle Inferior en noviembre de 1936, de la que lo era desde 1933, siendo el delegado militar Gonzalo Brio­nes Medina, también nombrado por Queipo de Llano. Adolfo Rodríguez Jurado de la Hera, sevillano, dirigente de la poderosa ANPFR y diputado en 1933 por el PAE, sería miembro de la comisión que elaboró el “dictamen sobre la ilegitimidad de los poderes actuantes el 18 de julio de 1936” para dar “legitimidad jurídica” a la sublevación militar contra la II República, publicado en abril de 1939, y fue Consejero Nacional y Procurador en Cortes por designación directa del dictador Francisco Franco desde 1943 hasta 1961.

                                                                                                                    18 de julio de 2026

1. A esta sublevación los militares la llamaron “Alzamiento Nacional”, porque consideraban que su acción había sido se­guida por el levantamiento o alzamiento del pueblo en armas contra el gobierno ilegitimo y tirano de la República, algo que era mentira, pues en realidad había sido una sublevación militar ilegal e ilegitima contra el poder constitucional democráti­co de la II República y su último Gobierno legítimamente elegido en unas elecciones libres y democráticas. Además, se apropiaron del adjetivo nacional para todo, pues se consideraban los auténticos españoles en exclusiva.

2. Este campesinado, claramente derechizado desde antes de la dictadura de Primo de Rivera, se sintió perjudicado por las medidas y leyes de los Gobiernos del primer bienio republicano, abrazando progresivamente posturas antidemocráticas y antirrepublicanas. Al final se deslizaron hacia posiciones fascistas, con un claro apoyo a la sublevación militar y se con­virtió en la base social de Falange, junto a obreros desclasados, sometidos a sus patronos, o simplemente equivocados. También se acercaron a la Comunión Tradicionalista. Un proceso similar ocurrió en Francia y en Alemania, donde daría su apoyo al nazismo de Hitler (Véase: GARRIDO GONZÁLEZ, L., Politización del campesinado en los siglos XIX y XX, en Historia Agraria, nº 41, abril 2007, especialmente las pp. 144-147 y la p. 148).

3. PRESTON, Paul, Latifundistas y militares en la represión del Sur, en: VV.AA., Dos siglos de imagen de Andalu­cía, Centro de Estudios Andaluces, Sevilla, 2006, pp. 25-40, especialmente las pp. 37 y 38, sobre Sevilla y su provincia.

4. Holocausto significa, según el Diccionario de la RAE, gran matanza de seres humanos, a lo que se podría añadir: que tiene como fin exterminar un grupo social, según otras definiciones.

5. Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vaci­lación a todo el que no piense como nosotros. Tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secre­tamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado” (E. Mola, Instrucción Reservada. Base 5ª. Mayo 1936).

6. Según el Diccionario de la RAE, represalia es el mal que una persona causa a otra en venganza o satisfacción de un agravio, y represión: la acción que parte generalmente del poder para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales.

7. ABC de Sevilla, 28.07.1936, p. 4. Fue presidente de la Diputación Provincial de Sevilla (1946-1961), nombrado por Franco y presidente del Sevilla FC entre 1957 y 1961, cuando la construcción de su estadio. Como Alcalde redujo drástica­mente el número de escuelas públicas para ahorrar gastos municipales.

 
8. BOE, de 19.10.1936.

9. Fue uno de los organismos del Nuevo Estado naciente que utilizó presos políticos en los trabajos.

 

10. Diario de Sevilla, Dos hombres claves entre 1936-1963 (13.02.2008). Su hijo José Ignacio Benjumea Medina murió en Madrid el 18 de julio de 1936 en un enfrentamiento con los Guardias de Asalto.

 

FUENTE

BARRAGÁN REINA, RAMÓN "DELA CLANDESTINIDAD A LA LIBERTAD CONQUISTADA. Antifranquismo y lucha obrera en la Vega Media del Guadalquivir, 1939-1976. Editorial Circulo Rojo, Almeria, 2014.