Hace 90 años
Sevilla y la Vega del Guadalquivir bajo el poder de la alianza de los militares con los terratenientes sevillanos y sus allegados
Ramón Barragán Reina
No es necesario relatar todos los acontecimientos que se produjeron en torno a la sublevación militar contra la República,1 pues son de sobra conocidos, pero sí dejar constancia que desde el 18 de julio, con la conquista de Sevilla a sangre y fuego, por los militares sublevados al mando del traidor Queipo de Llano, que se autoproclamó general de la IIª División Militar (Andalucía), después de destituir al General de División José Fernández de Villa-Abrille, que en 1936 ostentaba el mando de la II División, y la subsiguiente represión desatada contra los trabajadores y sus dirigentes políticos y/o sindicales, cambia radicalmente el rumbo de la Historia de España y de Andalucía. Desde el primer momento funcionó a la perfección la alianza de los militares con los terratenientes sevillanos, que contó también con el apoyo decisivo del pequeño y mediano campesinado2, de toda la oligarquía sevillana, de los grupos políticos de extrema derecha: Falange, Comunión Tradicionalista (requetés), Renovación Española (monárquicos alfonsinos), de la mayoría de los votantes de la derecha (la CEDA) y de la Iglesia Católica sevillana. Esta alianza, que se dio ampliamente en Sevilla (tierra de terratenientes), es la expresión más clara de la opción realizada por la alta burguesía u oligarquía española en 1936, tras las elecciones de febrero, para recuperar de nuevo la hegemonía de clase en la sociedad española. La oligarquía terrateniente, que formaba parte de la oligarquía española, jugará un importante papel en la represión, la guerra y la construcción del “Nuevo Estado” desde el inicio de la guerra.3
La guerra, tras el frustrado (a medias) golpe de Estado, no era una cruzada, aunque a los militares golpistas les vino bien esa definición dada por los obispos. Fue, ante todo, el episodio más dramático, trágico y sangriento de la lucha de clases en España, que se saldó, sin paliativos, con la derrota total de la clase obrera, del proletariado español en su conjunto y del proletariado agrícola en particular, y todos aquellos que querían que España entrase en una época de libertad, progreso y modernidad, rompiendo las cadenas que la atenazaba su crecimiento económico y el bienestar social de los españoles. Esta es para mi la definición de la Guerra española, que no fue ni una guerra entre hermanos (guerra fratricida), como dicen algunos, ni una guerra entre bandos contrarios enfrentados, como dicen otros, sino que fue una limpieza política de clase o genocidio (aniquilación o exterminio de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos), que realizaron detallada y premeditadamente con el fin de eliminar a todas las personas (en su mayoría trabajadores) que pudiesen ser un obstáculo (real o imaginario) para sus planes de apropiación de todo el poder político, económico, social y cultural y ponerlo al servicio de las clases dominantes, de los terratenientes y de los banqueros, y de la trasnochadas ideas que tenían sobre España y los españoles y que impondrán a todos. Algunos historiadores (y llevan razón) llaman holocausto4 a las consecuencias de la represión ocurrida en España desde 1936.
El terror militar-fascista, del que ningún pueblo va a quedar libre, fue, por tanto, una represión premeditada, sistemática y organizada jerarquicamente, de acuerdo con las Instrucciones de Mola5 o los Bandos de Guerra de Queipo, que irá contra todos los que habían tenido algo que ver con el Frente Popular: los militantes de los partidos y sindicatos que lo formaron o apoyaron, especialmente los que habían sido interventores en las mesas electorales, y, también, los cenetistas, con lo que pronto las fosas abiertas en los pueblos y en la capital (Pico Reja, Monumento y otras) se fueron llenando con las víctimas asesinadas en aplicación de los Bandos de Guerra. No fueron represalias6, aunque pudieran existir alguna que otra venganza entre vecinos. En todos los casos, los militares, incluyendo en ellos a la Guardia Civil, fueron el brazo ejecutor necesario para llevar a cabo la represión tras la ocupación de cada pueblo, contando siempre con la estrecha colaboración de las “fuerzas vivas” (los hombres de derecha o extrema derecha) de cada uno de ellos. Por supuesto que existió también una violencia indiscriminada, que podríamos llamar “cola-teral”, pero ésta entraba perfectamente en sus pretensiones represivas, ya que acrecentaba aún más el terror y sembraba para siempre el pánico, puesto que para los sublevados el fin justificaba los medios.
Como muestra de que todo estaba bien preparado, el gobierno de la ciudad y de la provincia recayó inmediatamente en terratenientes nombrados por Queipo de Llano, los cuales –se daba esa circunstancia– eran grandes propietarios en la comarca de la Vega Media: Ramón de Carranza Gómez que se convirtió en alcalde de Sevilla y jefe de una columna mixta; Pedro Parias González, en gobernador civil de la provincia, y Joaquín Benjumea Burín, en presidente de la Diputación Provincial y lo que le llegó después... Todos ejercieron sus cargos en los momentos más intensos de la represión militar-fascista.
Ramón de Carranza, capitán de corbeta retirado, gran propietario en el municipio de La Rinconada, en El Gordillo, colaboró activamente en la liquidación sangrienta de la resistencia obrera en Sevilla y se destacó, además, por su represiva forma de proceder en la conquista de los pueblos al mando de la columna de falangistas y guardias civiles, que llevaba su nombre. El propio Queipo lo consideraba “más guerrillero que marino y alcalde y un bravo que manda un grupo de bravos”7. Franco lo premió con la Medalla Militar el 13 de octubre de 19368 y lo nombró, más tarde, presidente de la Diputación Provincial de Sevilla (1946-1961) y procurador en Cortes entre 1946 y 1949.
Pedro Parias, coronel retirado de Caballería, cacique de Castilleja del Campo y propietario agrícola en Alcalá del Río, fue firmante del bando de guerra de 19 de julio (dictado por Queipo de Llano). Asesoró a Queipo en la elección de alcaldes y de otros colaboradores idóneos. Durante la Dictadura de Primo den Rivera había sido presidente de la Diputación de Sevilla. Falleció en 1938.
Joaquín Benjumea, propietario del cortijo El Castellón (La Rinconada) y con intereses en empresas sevillanas, participó en la Junta Técnica Provincial y en la Junta Técnica de Falange antes del cargo de presidente de la Diputación. Posteriormente, en mayo de 1938, será jefe del Servicio Nacional de Regiones Devastadas,9 cargo que simultaneará con el alcalde de Sevilla entre noviembre de 1938 y julio 1939, director del Instituto de Crédito para la Reconstrucción Nacional entre marzo y octubre de 1939, ministro de Franco durante doce años (de 1939 a 1951, de Agricultura, Trabajo y Hacienda) y gobernador del Banco de España desde 1951 hasta 1963, año en el que murió. Él y el militar y terrateniente sevillano, Luis Alarcón de la Lastra (1891-1971), conocido por su oposición frontal a la República y elemento importante en la alianza de los militares con los latifundistas, fueron “los cerebros de la economía de guerra implantada por Queipo” y activos reorganizadores de la vida administrativa y económica del “Nuevo Estado” a partir de 1939. Luis Alarcón fue Ministro de Industria y Comercio entre 1939 y 1940.10
No
se quedaron atrás otros activos terratenientes sevillanos enemigos
de la República. José Huesca Rubio, defensor incansable de los
intereses de los terratenientes sevillanos y vinculado al proyecto
del canal de riegos de la Vega desde el principio, fue confirmado por
Queipo como presidente de la Comunidad de Regantes del Canal del
Valle Inferior en noviembre de 1936, de la que lo era desde 1933,
siendo el delegado militar Gonzalo Briones Medina, también
nombrado por Queipo de Llano. Adolfo Rodríguez Jurado de la Hera,
sevillano, dirigente de la poderosa ANPFR y diputado en 1933 por el
PAE, sería miembro de la comisión que elaboró el “dictamen
sobre la ilegitimidad de los poderes actuantes el 18 de julio de
1936”
para dar “legitimidad jurídica” a la sublevación militar contra
la II República, publicado en abril de 1939, y fue Consejero
Nacional y Procurador en Cortes por designación directa del dictador
Francisco Franco desde 1943 hasta 1961.
18 de julio de 2026
1. A esta sublevación los militares la llamaron “Alzamiento Nacional”, porque consideraban que su acción había sido seguida por el levantamiento o alzamiento del pueblo en armas contra el gobierno ilegitimo y tirano de la República, algo que era mentira, pues en realidad había sido una sublevación militar ilegal e ilegitima contra el poder constitucional democrático de la II República y su último Gobierno legítimamente elegido en unas elecciones libres y democráticas. Además, se apropiaron del adjetivo nacional para todo, pues se consideraban los auténticos españoles en exclusiva.
2. Este campesinado, claramente derechizado desde antes de la dictadura de Primo de Rivera, se sintió perjudicado por las medidas y leyes de los Gobiernos del primer bienio republicano, abrazando progresivamente posturas antidemocráticas y antirrepublicanas. Al final se deslizaron hacia posiciones fascistas, con un claro apoyo a la sublevación militar y se convirtió en la base social de Falange, junto a obreros desclasados, sometidos a sus patronos, o simplemente equivocados. También se acercaron a la Comunión Tradicionalista. Un proceso similar ocurrió en Francia y en Alemania, donde daría su apoyo al nazismo de Hitler (Véase: GARRIDO GONZÁLEZ, L., Politización del campesinado en los siglos XIX y XX, en Historia Agraria, nº 41, abril 2007, especialmente las pp. 144-147 y la p. 148).
3. PRESTON, Paul, Latifundistas y militares en la represión del Sur, en: VV.AA., Dos siglos de imagen de Andalucía, Centro de Estudios Andaluces, Sevilla, 2006, pp. 25-40, especialmente las pp. 37 y 38, sobre Sevilla y su provincia.
4. Holocausto significa, según el Diccionario de la RAE, gran matanza de seres humanos, a lo que se podría añadir: que tiene como fin exterminar un grupo social, según otras definiciones.
5. “Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. Tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado” (E. Mola, Instrucción Reservada. Base 5ª. Mayo 1936).
6. Según el Diccionario de la RAE, represalia es el mal que una persona causa a otra en venganza o satisfacción de un agravio, y represión: la acción que parte generalmente del poder para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales.
7. ABC de Sevilla, 28.07.1936, p. 4. Fue presidente de la Diputación Provincial de Sevilla (1946-1961), nombrado por Franco y presidente del Sevilla FC entre 1957 y 1961, cuando la construcción de su estadio. Como Alcalde redujo drásticamente el número de escuelas públicas para ahorrar gastos municipales.
9. Fue uno de los organismos del Nuevo Estado naciente que utilizó presos políticos en los trabajos.
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