La acción obrera en el campo y en algunas empresas agroindustriales o de la cons-trucción entre 1962 y 1975.
La actividad reivindicativa laboral, aunque al principio no estuviese aún organizadas las CC.OO., fue realizada en las faenas agrícolas por los militantes comunistas de los pueblos de la comarca desde el comienzo de la década de los sesenta, continuando la acción ya emprendida en los últimos años de la década anterior. El paro obrero también engendrará múltiples acciones reivindicativas en los pueblos para conseguir trabajo o fondos del Es-tado que paliasen la situación, dada la negativa constante del Gobierno a reconocer el derecho de los trabajadores del campo a un Seguro de Desempleo. Tanto en un caso como en otro, todos los comunistas de la comarca, en mayor o menor medida y aunque tra-bajasen en otros sectores productivos o fuesen estudiantes, colaboraron en el renacer y desarrollo del movimiento obrero del campo, que a largo de los últimos quince años de la dictadura franquista se irá concretando en torno a las CC.OO. del Campo y, llegado su momento, en las Comisiones Campesinas, aunque aparecieran mezcladas en más de una ocasión en escritos y octavillas reivindicativas anteriores a 1972.
La actividad de los militantes del PCE, antes y durante cualquier acción o conflicto, fueron muy importantes y activas. No es de extrañar que muchos visitasen en más de una ocasión las dependencias cuarteleras de la Guardia Civil, recibiesen palizas, vejaciones y amenazas, fuesen detenidos y padeciesen cárcel durante un tiempo. Para las autoridades franquistas cualquier acción era considerada una acción antifranquista, al ser percibida como una acción política subversiva. En realidad, todas las acciones, huelgas o conflictos sirvieron para desarrollar la conciencia reivindicativa de clase en los pueblos y para abrir y conquistar espacios de libertad. Colaboraron, directa o indirectamente, en la lucha contra la dictadura franquista por la falta de libertad para realizarlas. Además, la acción represiva de “las fuerzas del orden”, siempre presente, consiguió en bastantes casos que acciones o conflictos con reivindicaciones puramente obreras, nada subversivas, termina-sen con reivindicaciones políticas.
Las primeras acciones en el campo, de las que existen noticias, gracias al Archivo Histórico del PCE, se produjeron a finales de abril de 1962 en el municipio de La Rinconada, “en solidaridad con nuestros camaradas de Asturias”, aunque más bien fue un intento frustrado. El objetivo de la huelga era conseguir un jornal de 120 pesetas y 6 horas de trabajo efectivo (cobraban 100 ptas por 7 horas). El día fijado para la huelga algunos patronos se dedicaron a recorrer los tajos para tomar nota de lo que estaba ocurriendo y de los que no habían ido al trabajo. Por la noche fueron casa por casa tomando sus datos personales, como forma de meter miedo a los trabajadores.
Con fecha 14 de septiembre de 1962 se produjo la detención de 12 mujeres, que trabajaban cogiendo algodón, sufriendo amenazas. José García Mallén, entrevistado por Eloisa Baena, cuenta que un grupo de mujeres, actuando como un piquete informativo, se diri-gieron a otras mujeres, que iban a coger algodón, para que exigieran más dinero por kg. cogido. El agricultor (arrendatario en este caso) avisó a la Guardia Civil, la cual intervino rápidamente y varias mujeres fueron detenidas, entre ellas su propia mujer, Rosario Zambrana Guerrero (Olvera, 1932), y otra mujer embarazada que había recibido algunos palos por parte de los guardias civiles, tan atentos y respetuosos como siempre.
Acciones similares a las anteriores fueron muy frecuentes, hasta tal punto que gracias a ellas eran conocidos los militantes comunistas (hombres y mujeres) por los trabajadores en general y por la Guardia Civil en particular. Las acciones reivindicativas en torno al precio de recogida del algodón recorren todos estos años, siendo abundantes las tiradas de octavillas en este sentido.
Desde el Comité Provincial del PCE también elaboraron propaganda, uniendo a las reivindicaciones económicas las reivindicaciones políticas antifranquistas. Como ejemplo de ellas está la octavilla, que el 1 de septiembre de 1963 repartieron en municipio de La Rinconada y otros de la comarca. Decía así:
OBREROS, MUJERES, JÓVENES: Conseguir las 3,50 en el algodón y las 150 pesetas en la recogida de aceituna puede ser una conquista muy seria, pero será más si al mismo tiempo exigimos libertad sindical, el derecho de reunión y de huelga, las libertades reconocidas en todo país civilizado. Luchando por nuestras reivindicaciones económicas preparamos la huelga general política para poner fin a la dictadura.
Desde 1963 existió en Cartuja, cerca de San José de la Rinconada, una fábrica de aderezo de aceitunas de verdeo, que envasaba aceitunas rellenas con pimiento morrón. Parte de la producción era para la exportación. La fábrica daba trabajo a casi 400 mujeres y más de 20 hombres en cada campaña. Además de cobrar poco (pagaban los salarios propios de cinco años antes), trabajaban en condiciones inhumanas (sin ventanas, sin aseos adecuados, sin comedor...), y no les daban de alta en la Seguridad Social, a pesar de que al sueldo semanal le descontaban la parte correspondiente para dicho concepto. En estas condiciones, en 1965, un grupo de jóvenes comunistas de San José de la Rinconada (Carmen Aparicio Prieto, Antonia García Castillo, Rosa Estévez y otros) y algunos jóvenes comu-nistas comenzaron a moverse y para movilizar a los trabajadores y trabajadoras, llevando a cabo una serie de acciones reivindicativas. Pusieron el conflicto en manos del abogado laboralista Francisco Páez Moreno, que interpuso denuncia para que los dieran de alta en la Seguridad Social y llevó a Magistratura la cuestión de los salarios. No se libraron de ser llamados al Cuartel de la G. Civil y como represalia la empresa despidió al grupo que inició las protestas. Lucharon contra los despidos, pero ahí tenían las de perder pues les hacían firmar el finiquito al contratarlas. Ese año el 1º de Mayo se celebró con una gran manifestación, que salió de Cartuja y recorrió algunas calles de San José.
En 1964 los trabajadores de la Serrería de Cartuja, empresa cercana a San José de la Rinconada, dedicada a la madera (serraban eucaliptos de una finca en Montequinto, propiedad de Miguel Sánchez-Dalp), se declararon en huelga para mejorar sus condiciones de trabajo. Juan Cantón Martos, que llevaba trabajando en la empresa desde 1955, y Manuel González Corro, Mosquino, formaron parte de la comisión que organizó dicha acción. El empresario los despidió y la fábrica fue cerrada. Se informaron, con la colaboración de Darío Catalina, de las bases contenidas en la Reglamentación del Trabajo de la Madera y el Corcho y fueron al Sindicato Vertical a plantear el problema, pero no consi-guieron nada. Juan Cantón pasó a trabajar en otra serrería situada en El Gordillo, donde realizaban las mismas actividades con la madera.
La lucha contra el paro, siempre soterrada, dio la cara en La Rinconada en 1966. Se creó una comisión de obreros, encabezada por José García Mallén y de la que formaba parte Carmelo Acuña Mendía y otros, para entrevistarse con el Alcalde y exigir que el Ayun-tamiento concediera algunos días de trabajo a los parados. La entrevista se realizó en un bar, en la Barriada de San José, pues el Alcalde estaba jugando una partida de cartas. En el acto intervino un propietario, que dijo: “Poca hambre tiene que haber, pues en mi finca hay todavía muchos jaramagos”. El Alcalde le recriminó por lo que había dicho con la siguiente declaración: “Las personas comen comida, no hierbas”. Consiguieron que contrataran a los parados. Había fondos, pero no los empleaban, si no se pedían. A algunos los pusieron a limpiar el arroyo Las Pavas, a la entrada de La Rinconada, hasta su salida del pueblo.
También en 1966, según Antonio Alvarado y Carmelo Acuña, hubo un intento de huelga durante la recogida del algodón. Se reivindicaba una peseta más por kilo de algodón. Pusieron banderas por los tajos y organizaron piquetes informativos para impedir que la gente fuera a trabajar. Consiguieron que algunos pararan. Alvarado la llama “la huelga del canasto”, pues los trabajadores volvían de los tajos con el canasto sin abrir, y se alcanzaron en parte los objetivos propuestos, dándose la circunstancia que los pequeños agricultores (propietarios o arrendatarios) pagaban y cumplían, pero los grandes terra-tenientes, con más posibilidades, no lo hicieron.
Las elecciones sindicales de septiembre y octubre de 1966 (primera y segunda fase) supusieron la consolidación de CC.OO. como organización referente del movimiento obrero en Sevilla y en toda España, pero en la Vega Media solo supuso un leve avance en la representación legal de los trabajadores. Aún no existían condiciones adecuadas para generalizar la utilización de las Hermandades (“el Sindicato”) en la lucha obrera en el campo. No obstante, los convenios colectivos locales firmados en algunas localidades sevillanas (Los Palacios en 1959 y entre 1962 y 1966 en Coria del Río, Alcalá de Guadaíra, El Torbiscal, Villanueva del Ariscal y Lora del Río), con o sin participación de las CC.OO., servirán de guía en la acción y como forma de organizar al mayor número posible de tra-bajadores del campo en torno a las CC.OO. con el empleo de la táctica legal, a pesar de que el Tribunal Supremo, en noviembre de 1967, las declara a CC.OO subversiva e ilícita.
En Cantillana los militantes comunistas de la localidad continuarán presentes en la Sección Social del “Sindicato” con mayor fuerza, hasta tal punto que en 1967 logran imponer a Francisco Palomo Blanco, Paco Gumersinda, como concejal en representación del tercio sindical, pues, según su testimonio personal, “lo eligieron los doce miembros de la S. Social, que eran todos del PCE”. Es posible que no lo fueran todos, pero sí eran amigos y simpatizantes en su mayoría. Fue concejal del Ayuntamiento desde el 5 de febrero de 1967 hasta el 10 de agosto de 1970, día en el que fue detenido.
En Villaverde del Río, siguiendo con la tradición ya marcada desde las elecciones de 1957, fue enlace sindical Antonio Hernández Trigo, junto a otros compañeros, José Vera Morata, Juan Orejuela y José Ávila, lo que les permitió incidir en la problemática de los trabajadores del campo desde la plataforma legal de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos.
En La Rinconada, por primera vez, José García Mallén se convirtió en enlace sindical, junto a otros compañeros, formando parte de la S. Social del “Sindicato”. A partir de ese año hay constancia, por tanto, de reuniones en las Hermandades Locales de Labradores y Ganadores para que se cumplieran las reglamentaciones de trabajo, a la vez que se creaban comisiones en los tajos, en los cortijos y en el municipio. En septiembre de 1967 presentaron una plataforma reivindicativa, firmada por “La Comisión que formula el convenio”, que en términos generales fue asumida por la Sección Social de la Hermandad Sindical Local de La Rinconada, como prueba de la fortaleza que las CC.OO. del Campo te-nían ya en el municipio. El acta de la reunión dice así:
En La Rinconada a día ocho de Octubre de mil novecientos sesenta y siete, se reúnen en el local de la Hermandad de Labradores y Ganaderos, a las veinte horas, bajo la presidencia de D. Enrique Aparcero Jiménez, Presidente de la Sección Social de dicha Entidad. El objeto de la reunión es formular propuesta de Convenio Colectivo de aplicación a las empresas y trabajadores agrícolas de este término. El Convenio a negociar ha de contener fundamentalmente los siguientes extremos:
JORNADAS.- 7 horas
SALARIOS.- Trabajador eventual, en faenas no específicas 150 ptas.- Trabajador fijo en dichas faenas, 120 ptas.
FAENAS ESPECÍFICAS.- Siembra, 250,00 ptas; Riego, 300,00 ptas.- Abonado, 300,00 ptas; Recolección, 300,00 ptas; vareadores de aceitunas, 300,00 ptas; aceitunas de almazara, 250,00 ptas; corta de naranja, 250,00 ptas; arranque de remolacha, 300,00 ptas; corta de maíz, 250,00 ptas; recogida de algodón y patatas, 250,00 ptas; carga y descarga, 350,00 ptas. FAENAS DE ALGODÓN.- Segado de algodón y gañanes, 250,00 ptas; tractoristas y con-ductores de maquinaria agrícolas, 325,00 ptas; tratamientos de plagas con pesticidas en jornada de cinco horas, 300,00 ptas; injertadores, podadores y taladores, 325,00 ptas. Los trabajos nocturnos se abonarán con recargo del 25% de los salarios que se acuerden y las horas extraordinarias con el 40% del salario que resulte del Convenio. No se permitirá el trabajo a destajo mientras existan obreros en paro forzoso. El tiempo de vigencia (del Convenio) será de un año.
Y siendo éste únicamente el objeto de la reunión se da por terminada a las veintiuna horas del día arriba indicado. De todo lo cual como Secretario doy fe.
Este proyecto de convenio propició, según Carmelo Acuña, la primera asamblea de CC.OO. en la Vereda de los Solares: “Fue en el bar de Cristóbal. Estaba lleno... A Cristóbal le cerraron el bar y se fue de taxista”.
No cabe la menor duda que estas acciones realizadas con éxito, aunque sea imposible saber si terminaron en convenio firmado o no, fueron la antesala de los sucesos que ocurrirán al año siguiente, en 1968.
(Continuará)